Hace 100 años Europa se desangraba en un conflicto fratricida -la gran guerra-. La más tarde denominada I Guerra Mundial se encontraba, en 1916, en lo que los historiadores han dado en llamar la Fase de la Guerra de trincheras. En dicha fase o etapa, los bandos contrarios se dedicaban a mantener las conquistas obtenidas mediante kilométricas líneas de frente construidas a base de trincheras.
Pues bien, si hiciéramos una comparación, un tanto aventurada, con la situación actual española, veríamos que, por ejemplo, toda la etapa de investidura sufrida por Rajoy como una guerra de movimientos, en la que los bandos se dedican a realizar sus conquistas: Rajoy la presidencia y el resto ser considerados los principales líderes de la oposición. Tras ello, la trinchera, o lo que es lo mismo, mantenerse unos en el poder y otros, cuales fieras salvajes, al acecho.
Y efectivamente, Rajoy, con los nombramientos anunciados ayer tarde, se atrinchera y atrinchera a su partido, el PP, para resistir los ataques les vienen encima en poco tiempo, 100 días a lo sumo. Para resistirlos se ha rodeado de su núcleo “pepero” más duro. Zoido, De la Serna, Cospedál… son parte de su guardia pretoriana, con una única misión: resistir y resistir. El resto asegura una política, sobre todo, económica, continuista y que avisa a su oposición, aquí estamos y aquí vamos a seguir, eso si, haciendo lo mismo para aumentar, más si cabe, nuestra presión económica: fiscal, recaudadora, impositiva…. y gasto.
En suma, comienza una “guerra” de trincheras con el objetivo de mantener lo obtenido y evitar las menores pérdidas, antes del ataque final, que se antoja muy duro y cruel, en el que los ciudadanos sufrirán las mayores consecuencias. Tiempo al tiempo.
