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APUNTES: La tentación euroescéptica

APUNTES:  La tentación euroescéptica

Escribo cuando se está celebrando en Bruselas la Cumbre Europea sobre los refugiados y no conozco, por tanto, las distintas posturas de los socios aunque sí la que defenderá el Presidente (en funciones) del Gobierno de España. Pero estamos sin duda ante una nueva crisis de euroescepticismo.

Los ataques sobre el futuro de la Unión Europea no son nuevos; pero sí se reavivaron desde que se sintieron los efectos negativos de la última crisis económica y financiera y se han hecho más agudos y persistentes con la reciente crisis de refugiados. Los ataques vienen desde frentes muy distintos, pero todos concluyen en la necesidad de modificar de forma importante su funcionamiento. Y las respuestas que están dando los países miembros distan de ser unánimes, ni siquiera acordes, con salidas de tono unilaterales que dañan el concepto propio de Unión Europea, como señalan con agudeza los comentaristas europeos.

Parto de la base de que, como toda construcción humana, la Unión Europea no es perfecta, tiene defectos que se han ido poniendo de relieve a lo largo de los años que llevamos de siglo y especialmente, con la llegada de la citada crisis. Es un proyecto humano, perfectible, por tanto, pero se pide a los responsables que trabajen, que retomen el ideal de los inicios, para no derribar toda la construcción europea con el fin de sustituirla por algo muy distinto o para dejarla definitivamente en el derrumbe.

En una entrega anterior me refería a algunas de las carencias que existen en materia fiscal, financiera, económica, monetaria y social, desde luego, pero quizá valga la pena mirar un poco hacia atrás y ver, además de las carencias, lo que hemos ido avanzando los países, no sólo en los aspectos económicos y de bienestar, que son conocidos y que se pueden contrastar con las estadísticas que periódicamente publica Eurostat. Y no estará de más, tampoco, que reflexionemos sobre lo que nos podemos jugar si, frívolamente, tiramos por la borda lo ya logrado.

En una entrevista reciente el profesor Enrique Banús, presidente de la European Community Studies Association, alertaba contra el peligro que puede existir en algunos países, de centrarse únicamente en los inconvenientes que lleva consigo el hecho de pertenecer a la UE y pasar por alto en cambio, dándolos por hecho, los indudables beneficios que nos reporta a los europeos el participar en una Europa unida.

Hemos cedido soberanía; no es posible que un país, o un grupo de países, adopte de forma aislada una decisión contraria a los intereses del conjunto; todos los países miembros han aceptado esa regla del juego y todos, por lo tanto, están obligados a asumir sus consecuencias que, en ocasiones, pueden ser menos beneficiosas para los ciudadanos de uno de los miembros. Pero así hemos avanzado: no es posible elegir sólo lo que nos beneficia y rechazar lo que puede ser contrario a nuestro interés en el corto plazo.

  1. Hay un buen análisis de Juan Meseguer en el número de Aceprensa del 16 de marzo actual, al que remito a los interesados en el tema.

Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía

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