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Deterioro de salud en la vejez tras dejar de conducir

Muchos ya lo intuían, y ahora una nueva investigación lo confirma: las personas mayores duplican el riesgo de experimentar síntomas de depresión, junto con reducciones en las funciones cognitivas y físicas, justo después de perder la capacidad legal de estar al volante de un automóvil. No se trata meramente de que la pérdida de facultades que les impide conducir les cause otros problemas de salud, sino que el hecho de perder la libertad y la autonomía de las que disfrutaban conduciendo su propio vehículo, y no tener ya que esforzarse en mantener ágil su mente para afrontar los peligros que pueden presentarse en la carretera, les provoca un bajón adicional de salud.

Está regulado cuándo tenemos que jubilarnos o retirarnos de la vida laboral, sin embargo, resulta más dudoso establecer cuándo es buen momento para dejar de conducir. Y si bien se ha demostrado que con los años los reflejos para conducir disminuyen, la legislación no especifica un límite de edad para conducir. En nuestro país y según el Real Decreto 818/2009, de 8 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento General de Conductores, se establece que la vigencia del permiso de conducción será de cinco años desde el momento en que su titular cumpla los sesenta y cinco años, período de vigencia que podrá reducirse si, al tiempo de su concesión o de la prórroga de su vigencia, se comprueba que su titular padece enfermedad o deficiencia que es susceptible de agravarse.

Deterioro cognitivo y síntomas depresivos

El equipo del Dr. Guohua Li, de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, examinó la salud y el bienestar de ancianos después de que dejaran de conducir y encontró que dicha salud empeoró en varios aspectos. En particular, el cese de la conducción casi dobló el riesgo de sufrir síntomas de depresión, y contribuyó asimismo a una merma en capacidades cognitivas y físicas.

El Dr. Li y sus colaboradores revisaron y analizaron datos de salud de conductores con más de 55 años.

El análisis de la información mostró que los ancianos experimentaron declives más rápidos en la función cognitiva y la salud física después de dejar de conducir. El cese en la conducción estuvo también asociado con un 51 por ciento de reducción en el tamaño de las redes sociales integradas por amigos y parientes, algo que, tal como señalan los investigadores, puede limitar las vidas sociales de los ancianos y su capacidad de relacionarse con otros. El declive en la salud social después de dejar de conducir parece ser mayor en mujeres que en hombres.

A medida que los exconductores más viejos empiezan a sustituir las actividades en exteriores por otras en interiores o muy cerca del hogar, el cambio de unas por otras probablemente hace que pasen a estar menos en forma físicamente, tal como razona Thelma Mielenz, coautora del estudio, aunque ello también dependerá de si optan por caminar mucho. “Cuando llega el momento de dejar de conducir, es importante trazar planes personalizados para mantener la movilidad y las funciones sociales”, aconseja Mielenz.

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