
Los resultados del 20D han provocado una cierta «balcanización» de la política española, al resquebrajar el bipartidismo y elevar al trono a unos pocos de los que tienen posibilidad de gobernar este país.
Al no haber mayorías suficientes para conformar un gobierno, los partidos están inmersos en una vorágine de «negociaciones» para ver si pueden conseguir ese ansiado premio que es el gobierno de España.
El más votado, el PP, en una maniobra de supervivencia, de momento, se ha apartado, y ha dejado al «segundo de a bordo», el PSOE, en una situación incómoda al obligarle a tomar una decisión rápida: o pacta con los radicales que, en un alarde de osadía le han impuesto unas draconianas condiciones para nombrarle presidente, o «negocia» con los moderados y, con ello, aleja sus posibilidades de llegar a la presidencia.
Sorprende, por tanto, que aparezcan declaraciones hablando de chantajes, de que no se esta negociando, de que hay que esperar, etc, etc, etc cuando esta ocurriendo todo lo contrario. Las llamadas de teléfono, envío de whatsapps, reuniones de primeros, de segundos o terceros «espadas»… están a la orden del día.
Los ciudadanos, cual «convidados de piedra», asisten perplejos a esta situación y se preguntan, ¿hasta cuándo?. Porque los problemas siguen estando ahí: el paro, la corrupción, la pobreza, el terrorismo… Y ahora lo que parece solo importar es qué mayorías van a investir al presidente. Unas para que «no perder el sillón» y otras para «ocupar ahora o nunca» el sillón y no «morir» en el intento.
¡Por qué no convocar unas nuevas elecciones?.

