La creación de una Fundación para la protección de las víctimas del terrorismo y para sensibilizar a la sociedad sobre las situaciones que genera esta inmensa lacra, muestra la carencia que la sociedad española tiene en estos momentos, fruto del «buenismo» o incluso del cierto «sindrome de Estocolmo» que hemos vivido estos últimos años en este país.
La desaparición de los asesinatos de ETA, de los secuestros, de los impuestos revolucionarios de la «lucha en la calle» o Kale Borroka parece haber puesto una venda en el sentimiento y la sensibilidad de las personas. El olvido ante este y otros temas similares, hoy es la dinámica impuesta.
Los gobiernos miran hacia objetivos más concretos, más correctos políticamente y no quieren ahondar en la recuperación del sufrimiento de las víctimas. Hoy los que siguen reivindicando y quieren que no se pierda la memoria de los más de mil asesinados por la barbarie y la sinrazón, son apartados y en cierto modo rechazados.

