
El uso indebido del servicio de mensajes WhatsApp puede ser peligroso porque crea adicción en algunas personas y deja huellas difíciles de controlar y borrar, alerta el catedrático de Psicología de la Universidad del País Vasco, Enrique Echeburúa.
Para todos es de sobra conocida la más famosa aplicación de mensajería instantánea: WhatsApp. En muy poco tiempo ha desbancado a los SMS y amenaza también a las llamadas de voz. En España ya tiene casi 10 millones de usuarios y es que la necesidad de comunicarnos constantemente está cambiando nuestra forma de relacionarnos.
WhatsAppitis: adictos a WhatsApp
El especialista pone como ejemplo de adictos a las personas que son capaces de escribir 40 mensajes entre las diez de la noche y las dos de la madrugada, una anomalía que altera el transcurso normal de la vida de cualquiera que trabaje o estudie, tenga amigos y aficiones.
La pérdida de control, una interferencia grave en la vida cotidiana (en los estudios o en el trabajo) y una dependencia constante son algunos de los síntomas que identifican a las personas que han pasado de ser usuarios del WhatsApp o de una red social a enfermos.
Por otra parte, aunque la adicción a las nuevas tecnologías es significativamente menor que la de otras conductas adictivas, cada vez son más los pacientes que acuden a tratamiento como consecuencia del abuso de los smatphones y sus aplicaciones. Sin embargo, este tipo de adicciones suelen pasar desapercibidas aún cuando interfieren significativamente en el resto de actividades del individuo.
Pese a ser una herramienta de comunicación su mal uso también puede llegar a ser una barrera en la misma. Por una parte, estas ventajas reducen la mayor parte de las “conversaciones” a mensajes escritos en los que cada persona tiende a imaginar o presuponer el tono y la intención del mensaje de forma que se crea una distorsión en la comunicación entre emisor y receptor. O dicho de otro modo: Conflictos. Se multiplican los malentendidos que a veces nunca llegan a hablarse cara a cara.
Además, cada vez es más habitual ver conversaciones interrumpidas por un mensaje emergente que espera respuesta o reuniones de amigos en los que todos tienen su smartphone en la mano.
La mayoría de gente usa esta herramienta para mantener el contacto con sus amistades y quedar. Su rapidez, coste 0 y la información que te aporta (si están “en línea” o “escribiendo” así como cuándo fue su última conexión) hace que ya no se pueda vivir sin ella, y aquí empiezan los problemas.
Consejos para no caer en la adicción al whatssap
Os ofrecemos algunos consejos para evitar que el WhatsApp absorba todo vuestro tiempo:
1. Utilízalo únicamente para quedar. Deja las conversaciones para cuando estéis cara a cara o como mucho, para una conversación telefónica. Actualmente la mayoría de las compañías de telefonía fija ofrecen llamadas gratis, aprovéchalas!
2. No mantener discusiones. Como se ha dicho anteriormente, su naturaleza escrita conlleva muchos conflictos. Si la cosa se pone tensa, aplaza la conversación para cuando pueda realizarse en persona.
3. Tiempo de respuesta. Tenemos que entender que las personas hacen sus tareas a pesar del teléfono. Por ello, ni tenemos que obsesionarnos cuando alguien no contesta ni obligarnos a contestar al instante. Interrumpir una tarea constantemente para hacer otra actividad disminuye nuestra atención y hace que el cerebro malgaste muchas energías.
4. Limitar el tiempo de uso. Esta limitación dependerá de las características de cada caso pero en general hay que mantener unos mínimos. Por ejemplo, evitar su uso cuando se está con un grupo de amigos o en un acto social, fijar una hora de “cierre” por la noche, respetando el horario de descanso, durante las comidas…
Poner límites horarios como si en vez de conversar por WhatsApp estuviera viendo una película de una duración determinada es el consejo que el experto da para evitar caer en las redes de la adicción.
Saber si la persona que sufre esta adicción tiene otros problemas psicológicos
Si ya es tarde para curar este problema, Enrique Echeburua recomienda una abstinencia de entre uno y dos meses para luego volver a aprender a utilizarlo de forma racional, sin que altere al estado de ánimo y las relaciones con otras personas.
Asimismo, es importante saber si la persona que sufre esta adicción tiene otros problemas psicológicos como inestabilidad emocional, inseguridad en uno mismo, incapacidad de comunicarse personalmente o una timidez extrema, agrega el especialista.
Esta afirmación rompe un mito, continúa, ya que este tipo de adicciones, en contra de lo que a priori pueda parecer, no sólo afecta a adolescentes, también a personas maduras con algunas debilidades.
Según indica el psicólogo, el no ver la cara de la otra persona hace que los usuarios de las redes sociales y del WhatsApp se lancen a la piscina y se sumerjan en reflexiones más intensas y espontáneas, difíciles de matizar sin verle a la otra persona la cara.
Aunque debido a su reciente implantación en la sociedad aún no hay datos de esta enfermedad asociada al uso irracional del WhatsApp, el especialista detalla que entre el 80 y 90% de la población se conecta a Internet por motivos de ocio y entre el 5 y el 9% realiza un uso inadecuado de esta herramienta.
«No tenemos cifras pero probablemente el uso indebido del WhatsApp sea mayor que el de Internet», asegura el catedrático en Psicología, quien destaca la importancia de saberle dar un buen uso a esta aplicación móvil, que de forma controlada puede ser útil y beneficiosa si se utiliza de forma racional, al tratarse de una forma de comunicación gratuita, rápida y con la que se puede intercambiar fotos, vídeos y comentarios tan sólo con conectarse a una wifi en cualquier parte del mundo.

