Artículo 183
En un hotel de Elche de cuyo cura no quiero acordarme, despertaron palmeras y clientes a las ocho de la mañana, el mismísimo día del trabajo.
¿Cómo puede ser que el día del trabajo, tan temprano y sin avisar, un o una trabajadora de la limpieza se ponga a limpiar la habitación contigua, pero sin ti? Con una aspiradora cuya turbina produce el mismo ruido que la de un Boeing 727.
Motivo por el cual comienzan a bajar las escaleras los clientes a las 8:30 camino del desayuno no continental sino de otro continente.
¿Cómo esa criatura no guardó fiesta y fue a manifestarse en lugar de poner al hotel en alerta máxima?
¿Cómo se consiguen las estrellas en los hoteles?
¿Cómo se llega al cargo de director de hotel, personal de mantenimiento o gobernanta? Los gobernantes sabemos que tras unas elecciones y una designación digital.
No saben ustedes cómo me acuerdo del genial Fernando Fernán Gómez y de su profundidad al mandar a la gente a la mierda.
No sea usted quisquilloso, me dirán. Pues sí, me gusta el marisco, en especial el bogavante en ensalada que sirven en Casa Pedro, en Madrid, donde el Rey va a comer callos. Y en verdad les digo que doy fe de su extraordinaria preparación, donde almorcé ese mismo día 1 de mayo por los pelos, ya que estaba la calle cortada por la celebración de las fiestas de Fuencarral.
Otra cosa bien distinta fue el día 2 de mayo en el hotel del mosén, (Elche) cuyo desorden entiendo por encontrase en “Sede Vacante”. No se pudieron utilizar las instalaciones del hotel porque se estaban preparando para una fiesta nocturna, de manera que, los clientes del hotel recibieron autorización para disfrutar de las instalaciones de un hotel contiguo, pero sin ti.
Tú no utilizas la piscina de ese hotel porque te sientes okupa y no tienes donde cambiarte el bañador, ni qué hacer con las toallas, además, no caben los niños pequeños en la piscina porque solo está la profunda. Claro que, por la noche en el hotel, se celebraba una fiesta de inauguración del VERANO, donde cada persona, clientes o no, debían de pagar 50 euros por la entrada.
Hay hoteles que autorizan la entrada de perros, los hay que prohíben la entrada a los niños, por ley. Y como vemos, existe una nueva modalidad de mayoría impertinente: no dejar en paz al cliente puesto que aprovechan que están para montar la fiesta.
De regreso a la Capital, en la radio, escucho que los “Comeflores” quieren que la canción “Torero” pase a llamarse Bombero y, que en las granjas de cerdos pongan aire acondicionado o ventiladores bajo multa gorda. O sea, que también me dan el viaje de regreso.
Sé que por todo lo que les cuento recibiré el mismo castigo que se le inflige a un toro bravo, pero orgulloso de no ser un manso.
Bueno, a lo mejor me salva que hoy día 3 de mayo es el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

