Con el verano, llegan los conciertos y festivales de música. En apenas unos días nos han visitado dos artistas. Taylor Swift y Bruce Springsteen.
La música siempre ha sido un hecho transgresor. Incluso los clásicos, Mozart asombró en su época,. Y en la nuestra ha sido una forma de identificar a las generaciones y una forma de rebeldía frente al poder establecido.
En los 50, Elvis con el rock escandalizando a la mojigata sociedad gringa, los sesenta fue una explosión de géneros, cantautores como Bob Dylan, grupos como Beatles, Rolling, Who, Led Zeppelin, el movimiento hippie. Los 70 con la música disco y funky por un lado, la psicodélica por otro, la evolución del Hard Rock al Heavy y al final de la década la aparición del Punk.
Todas ellas de alguna manera transgredían e interpelaban a la sociedad, hasta que el marketing las fagozitaba. O quizás, como indica Alan Edwards en sus confesiones, las bandas o músicos una vez convertidas en estrellas supieron usarlo en su favor. Según este relaciones públicas Mick Jagger fue quien profesionalizó a las bandas, David Bowie fue quien entendió mejor a los medios, y los Spice Girls quienes despegaron la cultura del famoseo, tal y como lo entendemos ahora.
El caso es que las estrellas han sido por un lado un reflejo de la sociedad del momento y también han influido en ella, han marcado un estilo o revindicado una contraposición.
Todos estos grupos han tenido legiones de fans, así como de persona que no les gustaban. Eras de Los Secretos o de Nacha Pop, de Mecano o de Radio Futura.
Sin embargo, el fenómeno Taylor Swift es justo todo lo contrario. Es una chica blanca, rubia, mona pero no despampanante, aparentemente inofensiva y correcta. La mayoría está con ella, no tiene nada que te haga ir en su contra. En definitiva un ejemplo y producto del sistema. El triunfo de la chica normal y formal. Ese sistema que te dice que si lo sueñas lo consigues. Y esa es la trampa porque no todos llegan. Taylor nos vende la imagen de la niña bien,la chica que debes ser. Y tiene un montón de seguidores que se alienan con ese mensaje de “buenismo”, llegando a ponerse pañales para no perderse un minuto del concierto.
Se acabo la rebeldía con o sin causa. La juventud ha sucumbido al sistema.
Jesús Bodegas Frías, Ldo. en Ciencias Biológicas.


