Queridos Reyes Magos, me atrevo una vez más a dirigiros esta carta con la esperanza y la ilusión de que si no todo, mucho nos lo concederéis porque además de ser Magos, nuestra intención es buena o por lo menos como buena la percibo. Os escribo en lengua vernácula, es la lengua materna, no porque no sepa otra, sino porque mi cerebro razona mucho mejor y activa la lógica racional de mejor manera cuando me expreso en castellano. Desde aquel barco de madera con vela de tela blanca-mediterráneo y la cartera de cartón marrón, que me la trajisteis en mi pueblo -entonces no había cabalgata de Reyes- eran tiempos de escasez de todo, hasta de ideas… ¡No he dejado de creer en vosotros por eso con sumo ahínco os escribo desando que todo o casi todo me lo pongáis en el zapato de esta noche mágica que no os faltará trigo, leche y algunos turrones, que todo viene bien en esas altas horas de la madrugada!
Lo primero que me atrevo a pediros es para nuestro viejo reino de Navarra: “Que despierte de su letargo, de su silencio, de sus complejos mal digeridos o de sus conductores timoratos y acomplejados…, que no sea engullida por la inercia de unos y la incompetencia de otros” (DN. 3-XII-21. A. Igartua) de tal manera que vuelva aquella Navarra que todos vivimos en tiempos nada lejanos, una Navarra con personalidad foral y pionera en Europa.
Te pido en segundo lugar, para que la mentira, que tiene las patas muy cortas, no se implante como cultura indolente en nuestra gente y en nuestros gobernantes, que la prudencia sea la moneda de cambio y no “el empuje de la religión nacionalista y excluyente” (D.N. 3-XII-21. J.C.Viloria) De tal manera que los sabios nos enseñen y los prudentes nos gobiernen, haciendo una España justa y libre, con el objetivo de que nuestros jóvenes puedan desarrollar sus capacidades en el puesto de trabajo para el que están tan preparados, que lo están de verdad; pero no pueden demostrarlo, no tienen trabajo.
Sé, queridos Reyes Magos, que lo que voy a pediros ahora os extrañará tanto como a mí, pero como andáis por tierras lejanas, quizás no os hayáis enterado: En España se hablaba el español, lengua cervantina de más de trescientos millones de hablantes, pues os pido que la lengua materna sea el viaducto de la reconciliación de un reino español cuya historia no tiene parangón con ninguno de nuestro alrededor geográfico… No digamos con determinadas regiones por muy históricas que se llamen. ¡Todo esto, faltaría más, sin menosprecio de otras inmersiones lingüísticas a las que no renunciamos!
Ahora, con mucha fuerza, con más energía si cabe, os pido por el amor de Dios, que cuidemos entre todos la salud mental, con un presupuesto específico para ella bien determinado, porque sin salud mental, no hay ninguna salud. Una salud integral, del alma y del cuerpo, del físico y de lo psíquico, de lo social y del entorno en el que vivimos, porque todo esto es salud…y, últimamente está muy resquebrajada, por uno y por otros y en ese otros estamos también nosotros, porque no hemos sabido -o no nos han enseñado-, que la salud es activa, no pasiva; donde “nuestro esfuerzo personal es el optimismo y la esperanza” (D.N. 2-XII-21, J. Urra)
Voy a abusar un poco más de vuestra magia milagrosa y os pido que como bien sabéis estamos en un pandemia-gripe, que nos está descontrolando toda la vida, toda la actividad social y personal, la salud y el trabajo, no salimos de esta a pesar de tanta ola y tanta vacuna… Os lo pedimos con todas la fuerzas posibles para que nos acostumbremos a vivir con los virus y las bacterias como parte que son de nuestro ser y existir, para que con esperanza y optimismo, sin ningún miedo exagerado sino prudente, podemos fortalecer las defensas del sistema inmune, que también es parte de nuestra responsabilidad, porque nunca como ahora sabemos a ciencia cierta la enorme y compleja interrelación entre la biología y las emociones.
Gracias de antemano, no os defraudaré, mi balcón estará lleno de cosas ricas para vosotros y vuestros camellos.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)


