
De lo que ocurrió de verdad en el 11-M no sabemos nada. De lo que pasó después sabemos mucho más. Para empezar que todo lo que constituye la Versión Oficial de los Hechos es una soberana mentira desde principio a fin. Pero todavía hay muchos episodios, y personajes, que apenas han trascendido a la luz pública, que podrían aportar mucha luz sobre la manera en que se edificó esa Gran Estafa que se les vendió a los españoles –que no por haber estado amparada al abrigo del Poder sería menos merecedora del rigor del Código Penal-.
Dedico a continuación algunos artículos para desarrollar con más énfasis asuntos que ya esbocé en mi libro “Las Cloacas del 11-M”, con la esperanza –seguramente vana- de que puedan remover las conciencias de muchos de los tramoyistas que transitaron entre los bastidores de ese escenario letal que marcó la vida de nuestra nación.
El primero de ellos lo inauguramos con un personaje recurrente en las páginas de sucesos de este “Estado de Extorsión” –mucho más importante que el “Estado de Corrupción”, al que maneja- que está llevando a España a su fase terminal. Nos referimos a Juan Cotino. Lo que viene a continuación fue un artículo que escribí sobre el político valenciano hace dos años y medio para un medio digital, a propósito de una noticia relacionada con el 11-M. Por causas que desconozco ese artículo no fue publicado, lo cual me da pie a desempolvarlo para que no quede en el baúl de los relatos inéditos.
Juan Cotino y el 11-M
Don Juan Cotino lo ha sido todo en Valencia: Delegado del Gobierno cuando ocurrió el 11-M y después Consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación, Vicepresidente de la Comunidad y Presidente de las Cortes. Pero lo más importante, y de lo que probablemente se derivan sus anteriores prebendas, fue su nombramiento como Director General de la Policía en el primer Gabinete de Aznar.
Se ha hablado mucho de los clanes policiales dentro de la Policía. No es un secreto para nadie que conozca y siga los enredos de la vida política española que las Fuerzas de Seguridad e Inteligencia han sido siempre el oscuro objeto del deseo, no ya de los partidos políticos, sino de organizaciones más estables y poderosas que se mantienen ocultas en la trastienda del poder. Todos conocemos aquellos clanes que nacieron al calor del felipismo y que desembocaron, como los ríos en el mar, en el GAL y el saqueo de los fondos reservados. Pero quizás no estemos tan avisados de otros no menos importantes. Uno de ellos fue el que encabezó el propio Cotino desde que asumió el mando policial en 1996, al que se conoció como como el “clan del Opus”, y también el “clan de Valencia”, debido a esta doble adscripción, o condición, que reunía el Director General y alguno de sus miembros, entre los que destacaría con luz propia el Comisario General de Seguridad Ciudadana,Santiago Cuadro Jaén, cargo que siguió ostentando cuando el 11-M.
Nótese que aunque incardinado en el PP, este no era un clan del partido, lo era del Opus, por esa inclinación natural de la Obra en ocupar aquellas parcelas donde reside el verdadero poder, algo elocuente tanto ayer como hoy, para lo cual basta con fijarse en el actual organigrama del Ministerio del Interior o el de Economía, sin necesidad de ir más lejos.
Este prolegómeno viene a cuento de unas declaraciones que acaba de evacuar Cotino (ver aquí) a propósito de unos supuestos pagos de 200.000 € que realizó el 11 de Marzo de 2004 en la sede del PP, que aparecen en la caja B de Luis Bárcenas. Cotino es una persona de poder, y por eso, como suelen hacer los portadores de las valiosas mercancías que se encierran en los secretos de Estado, lanzó lo que parece una clara advertencia sugiriendo que se trataba de una “venganza”. Y añadía algo que daba un inquietante contenido a su mensaje: que él había venido a Madrid a “cambiar impresiones” sobre el 11-M y que estuvo ese día en la Dirección General de Policía con el nº 3 policial, el omnipresente Gabriel Fuentes. Con esta declaración, Cotino confirmaba un famoso artículo que escribió Ernesto Ekaizer en Marzo de 2005, “El hundimiento de la tesis de ETA“, en el que el periodista argentino, con el engañoso señuelo de abundar en la consabida tesis de que el Gobierno del PP había mentido sobre los atentados, aprovechaba para “revelar” una noticia hasta entonces desconocida, de esas que el Poder filtra interesadamente para “marcar” y “avisar” a alguien de quien se espera un silencio sumiso.
La novedosa noticia en cuestión fue la extraña visita que había realizado Cotino a la sede central policial sobre las 12:30 del día 11, donde se entrevistó con Gabriel Fuentes, el Subdirector General de Gabinete y nº 3 del escalafón policial, y que ahora confirmaba a la defensiva el jefe del “clan” valenciano, aunque más bien se podría interpretar como una contraofensiva de Cotino que podría dar a entender que “aceptaba el reto”. Pero antes de entrar en el jugoso artículo de Ekaizer permítasenos exponer los antecedentes de la cuestión.
Gabriel Fuentes fue Comisario General de Información, el más importante cargo policial, en el final del felipismo, la época en que se destapó el GAL y en que ocurrieron episodios singulares como lo del capitán Khan y el montaje de la detención de Roldán en Bangkok, llevada a cabo por el famoso comisario de las correrías cinegéticas de Garzón y Bermejo, José Antonio González (JAG), que sería ascendido por Zapatero a la Comisaría de Policía Judicial, desde la que desplegó implacablemente la investigación contra el PP por el caso Gurtel; un mando policial de la órbita del socialismo al que Cotino, para que no pase desapercibido, nombra en las declaraciones citadas -¿otra advertencia?- nada menos que como “amigo”.
Gabriel Fuentes fue parcialmente depurado en la primera legislatura de Aznar, por indicación expresa de Alvarez Cascos, que conocía el paño mejor que el democratacristiano Mayor Oreja, pero fue rescatado y ascendido a nº 3 policial por Acebes, Astarloa y Díaz de Mera un año antes del 11-M, lo cual se alaba sólo, sin necesidad de alabarlo. Fuentes tuvo un papel en “acontecimientos” de “la investigación” del 11-M absolutamente cruciales, aunque soslayadas, lo cual relaté en varios capítulos de Las Cloacas del 11-M, especialmente en todo lo que rodea a la extraña aparición de la mochila de Vallecas y al papel “ejecutivo” que desarrolló en Ifema en la noche del 11-12, sustituyendo de facto -aunque no era su cometido ni le correspondía- en las funciones operativas al nº 2 policial, Pedro Díaz-Pintado, que se fue a su casa inexplicablemente –diríase que se quitó, o le quitaron, de en medio- a la 01:30 de la noche del 11 al 12 porque estaba cansado y destemplado…, según relató.
Pues bien, Gabriel Fuentes es quien informa y moviliza a Cuadro Jaén a entre la 1:30 y 1:45 por la mochila de Vallecas (como declararon el Director de la Policía, Díaz de Mera, y el propio Cuadro), en tiempo real –o antes-, cuando todavía en dicha comisaría apenas salían del asombro y cumpliendo el protocolo avisaban del descubrimiento de la bomba al 091. Y le dice, además, que se vaya al Parque Azorín «donde los Tedax tienen aislada una bolsa» (vid. Cuadro Jaén, juicio oral), cuando los Tedax y Sánchez Manzano no dan esa orden hasta las 02:30: «serían las 2:30 ó 2:40… me puse en contacto con el Tedax, y le di instrucciones para que la trasladaran a un escampado» (vid. Sánchez Manzano, Comisión Investigación, sesión 3, pág. 3). Y lo que es todavía más chocante, cuando desactivan la bomba despierta a las 5:15 a Díaz-Pintado y le dice que entre los elementos del artefacto desactivado «hay una tarjeta»(vid. Díaz-Pintado, juicio oral, 11-04-07, 00:21:54), y resulta que el Tedax Pedro, que la desactivó, declaró que el teléfono se introdujo sin abrir en una bolsa, y que se llevó con el resto de componentes a Canillas, y que allí –que serían alrededor de las 6:00- «el teléfono se desmonta, se quita la tarjeta». Por tanto, no era posible conocer a existencia de esa tarjeta a las 5:15, a no ser, claro está, que se conociera…
¿Cómo pudo saber todas esas cosas Gabriel Fuentes con esa antelación, si todavía, según la versión oficial, no se sabían? ¿Las conocía, quizás, por otros conductos más “privilegiados”? Pues lo desconocemos porque no compareció ni en la Comisión de Investigación ni en el juicio oral, como relató Pujalte, que dijo que el PSOE vetó la petición de CIU para que compareciese (El Mundo, Agustín Yanel, 02-02-04). Pero nos preguntamos: ¿Y por qué no lo exigió entonces el PP? ¿Había algún pacto al respecto? Lo hubiera o no, esto nos lleva de nuevo al artículo de Ekaizer, cuya gran novedad fue la noticia de ese “encuentro en la cumbre” policial. Se da la circunstancia que Gabriel Fuentes reúne en su poliédrica biografía la de ser también miembro del Opus Dei. Esto extrañará a muchos lectores, pero “La Obra” se ha jactado a menudo de tener gente en todos lados. Recuérdese, yendo algo más lejos, que Calvo Serer fundó la Junta Democrática con Santiago Carrillo. ¿Pudo esta circunstancia coadyuvar el encuentro? ¿De qué hablaron?
Esto nos contó Ekaizer refiriéndose a la tesis de ETA: «Fuentes dijo que las piezas no encajaban. Cotino repuso que si luego se obtenían datos diferentes, se aclararían pero que todo apuntaba a ETA». Aquí lo importante es la hora en que se produce la reunión: entre las 12:00 y las 13:00. En esos momentos, el que fue brazo derecho policial de Cotino, Santiago Cuadro Jaén, informaba a Díaz-Pintado –según lo que declaró este último- que lo que había explotado en los trenes era Titadyn con cordón detonante. En Las Cloacas he demostrado que a esas horas es de lo más plausible que se tuvieran análisis certeros del explosivo. La perito Tedax nº 17632 declaró en el juicio oral que los realizó «el día 11 por la mañana». Es, por tanto, presumible que si Cotino vino a husmear por las altas esferas, con mucho más razón requiriera información a Cuadro, que le debía el cargo, por lo que es presumible que debía de saber que entre “los datos que apuntaban a ETA” estaba el explosivo utilizado habitualmente por la banda. Lo supiera o no, ¿por qué -si lo que relata Ekaizer es cierto- ese énfasis en que «luego» se pudieran obtener «datos diferentes»? ¿Es normal esa previsión de que “más tarde” de puedan obtener “datos distintos” que, presumiblemente, den un vuelco a la investigación? ¿Pudo tener alguna relación su reunión con Fuentes con el hecho de que Cuadro Jaén se encaminase muy poco después a la sede de los Tedax y declarara que los análisis habían salido a las 14:30, la versión oficial, cuando sabemos por la perito que eso no es cierto, que fue «por la mañana»? ¿Y que saliera un «dato diferente», convirtiéndose el Titadyn en una etérea dinamita que terminaría tomando la forma de la Goma2Eco? ¿O que ya no se analizase nunca más el arma del crimen y se nos hurtara a los españoles conocer qué explotó en los trenes? ¡Ya es casualidad, también, que «luego», por la noche, apareciera otro«dato diferente», la sospechosa mochila de Vallecas, y que intervinieran en el caso, como hemos relatado más arriba, los mismos protagonistas: Cuadro Jaén y Gabriel Fuentes!
No podemos responder a estas preguntas, por desconocimiento. Pero nuestras sospechas de que en el post 11-M hubo muchas cosas muy poco claras que necesitan bastante más que una explicación son cada vez más fuertes. No deja de ser elocuente que Gabriel Fuentes fuera de nuevo rescatado por el PP de Rajoy como asesor del Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, también miembro del Opus Dei (El Mundo, Eduardo Inda, 10-08-12), al igual que el ministro Fernández Díaz. Lo cual no le impidió, presuntamente, espiar la sede del PP, en el famoso caso Interligare, que está aparcado durmiendo el sueño de los justos en los juzgados, como suele ocurrir en los casos que afectan a personas habituadas a manejar información “delicada”.
Es en este contexto en el que hay que encuadrar las recientes declaraciones de Juan Cotino. ¿Nos encontramos, quizás, con otra variante del famoso dilema del prisionero, en el que las advertencias y avisos para navegantes se muestran como el método más infalible para convencer a las diferentes partes en conflicto de hay que hacer todo lo posible, y sobre todo lo imposible, para evitar que los secretos de Estado salgan por algún “descuido” de las sentinas en que permanecen ocultas y a buen recaudo?
Es muy probable. En cualquier caso, el artículo de Ekaizer no es sólo elocuente. Es además de lo más descriptivo. Basta con fijarse en el propio título: “El hundimiento de la tesis de ETA”. Porque se trataba precisamente de eso: de cómo se “hundió” la tesis con cuyos condimentos, en mi opinión, se realizaron los atentados del 11-M, unos atentados que fueran quienes fuesen los autores, lo hicieron con las señas de identidad de ETA, lo que quizás sugirió Don Jorge Dezcallar en la Comisión de Investigación cuando sin que nadie le preguntase esbozó un silogismo irrebatible (CI, pág. 43) :
- La gente dice: si es Titadyne es ETA.
- Si es Titadyne no es ETA.
- Si es Titadyne lleva la firma de ETA
Pues eso, Ekaizer nos reveló, presuntamente con segundas intenciones, cómo ycuándo se hundió la tesis, y, sobre todo, quién estaba allí, y no sólo para hundir el pecio, sino muy probablemente, y en compensación, para hacer la botadura de un bajel berberisco, uno que fue poco a poco “apareciendo” porque las cosas, a poco que les busquemos “datos diferentes”, son muy susceptibles de mutar…
Ignacio López Brú, autor del libro Las cloacas del 11-M
Artículo anterior OPINIÓN: Las teorías del 11-M-Marruecos

