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Más de 140 millones de mujeres y niñas han sufrido la Mutilación Genital Femenina

La Mutilación genital femenina, expresión oficial utilizada por la OMS (Organización Mundial de la Salud), consiste en la eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquier otra razón no médica

“Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas. La práctica viola sus derechos a la Salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte”. Así lo afirma la navarra Adriana Ciriza, delegada de Cruz  Roja en Malí hasta el pasado mes de marzo de 2015, al frente de un proyecto de  sensibilización y educación contra esta práctica.

Aunque se concentra principalmente en 29 países de África y de Oriente Medio, la ablación es un problema universal y se practica en algunos países de Asia y América Latina. Además persiste también en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, Norte América, Australia y Nueva Zelanda.

Esta práctica ancestral, que han sufrido ya más de 140 millones de mujeres y niñas (más de 92 millones en África), tiene graves consecuencias ginecológicas, obstétricas y psicosociales. Uno de los países con mayor índice de prevalencia de la escisión es Malí, donde la tasa se sitúa en el 85%. En las regiones malienses en que trabaja Cruz Roja Española, Ségou y Kayes, la cifra es aún mayor, 92,2% y un 98%, respectivamente.

Desde el año 2000, Cruz Roja Española en colaboración con la Cruz Roja de Malí desarrolla en las dos regiones actividades dirigidas a informar y sensibilizar a nivel comunitario de los riesgos que se generan, a fin de que se abandone esta práctica y para mejorar la salud y condiciones de vida de las mujeres y niñas víctimas de graves secuelas físicas y psicológicas  de  la ablación.

Según Adriana Ciriza, la mutilación genital es muy difícil de erradicar: “En Malí es algo asumido, algo normal que te toca por ser mujer. La mayor parte de los hombres no quieren casarse con mujeres que no estén mutiladas. Afortunadamente esta situación empieza a cambiar”.

La mutilación se lleva a cabo por las mujeres mayores de las comunidades, que han heredado ese papel de sus antecesoras: “Generalmente no tienen ninguna preparación y lo hacen sin precauciones higiénicas, ni siquiera esterilizan el material que utilizan. Esto supone que las niñas puedan morir por infecciones posteriores, e incluso en muchos casos contraer el VIH/SIDA”.

Hablar de esta práctica cuando Cruz Roja comenzó su labor, era casi imposible, por ser un tema tabú. “Hoy en día hay bastantes organizaciones que trabajan en la lucha contra la mutilación. Además, el Gobierno tiene un Plan Nacional de Lucha contra la Escisión y tratan de coordinar el trabajo de todos los actores implicados”, asegura Adriana Ciriza.

“Se trabaja con líderes comunitarios, personal sociosanitario, profesores y las organizaciones comunitarias de base a través de distintos módulos de formación y de sensibilización en los que las mujeres participan activamente, con independencia de haber sido o no víctimas de la mutilación genital”.

La intervención en Malí, apoyada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para  el Desarrollo (AECID), se centra además en prestar asistencia sanitaria y psicosocial a las mujeres y niñas, que tienen complicaciones después de haber sido sometidas a la escisión.

 

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