El otro día retransmitieron por televisión Mientras dure la guerra (2019). La película cuenta los últimos meses de vida de Unamuno en Salamanca al principio de la guerra. La había visto anteriormente en el cine. Para mi lo mejor son sus diálogos. El titulo obedece a una coletilla que el general Cabanellas dispuso en el nombramiento de Franco y que los asesores de este hábilmente suprimieron en posteriores copias mecanografiadas.
Sin embargo, parece que España lleva atrapada 89 años en ese complemento circunstancial de tiempo, como nuestro particular e incivil día de la marmota. Somos incapaces de pasar página.
La polarización es tremenda. Tanto los hunos como los hotros no hacen autocrítica. Sólo ven las pajas en el ojo ajeno. En medio los que cultivan el libre pensamiento y la ecuanimidad no están bien vistos, como el controvertido y cambiante catedrático y el siempre lúcido escritor Chaves Nogales.
Hoy disfrutamos aparentemente de libertad de expresión, no hay censura sexual. Sin embargo la censura intelectual es tremendamente intensa, hay que medir lo que se dice y como se dice. Además, si logras publicar en un medio te tildan de un pensamiento (aunque no sea el tuyo) y lo más probable es que no te publiquen en el otro.
Tengo la sensación de que el espíritu del mutilado Millán-Astray con sus gritos en el paraninfo de la Universidad de Salamanca de ¡Viva la muerte! y ¡Muerte a la inteligencia!, se ha transmutado en el altanero perdonavidas del barrio de Tetuán que tenemos por presidente. Demostrando estar parejos en su nivel intelectual. Y dando la razón a Vázquez Montalban en su frase: Contra Franco vivíamos mejor.
La realidad es dura cuando los tuyos son los que dilapidan la oportunidad de construir un mundo mejor y se dedican a la corrupción, al enchufismo y el mangoneo. Lo peor es que no han aprendido ni en carne propia, ni ajena. Y no han sabido poner cortafuegos y medios para detectar a los trepas, sean Barcenas o Cerdán y sus amigos, y echarlos a las primeras de cambio.
Si observamos el mapa de los actos realizados por el aniversario de la muerte de Franco vemos que Madrid sigue siendo la pieza a cobrar por ambos bandos. Aunque ahora las tornas se han intercambio, quien asedia Madrid son los progres compañeros y quien entona el no pasaran es Ayuso y camaradas.
Considero que no hay nada que celebrar el 20 N. La muerte nunca es motivo de celebración. Y menos la muerte biológica y desconectada en la cama de un hospital de un viejo y decrepito dictador, que supo manejar su mano de mus junto a la baraka. Y se atrinchero en el poder dando gato por liebre a todos, incluidos monárquicos y falangistas.
Si se pretende celebrar la democracia hay dos fechas a elegir y son el 6 de diciembre porque se aprobó el mal menor que era la Constitución del 78. Única vía a seguir en aquel momento. Con su virtud obra del consenso entre todos. Y sus múltiples defectos que vemos con el tiempo. El principal sustituir un estado federal por el invento de las autonomías, que ha derivado en un estado aconfederal que cada vez lo sufren más la mayoría de la población y en donde sólo están cómodos los que viven del erario público, aunque este sea de un estado del que no quieren ser parte.
La otra fecha es el año 1979 en donde en primavera, en apenas un mes, se celebraron las primeras elecciones municipales y generales no constituyentes. Fue en ese momento en el que los españoles empezamos a vivir la democracia en su plena experiencia, al elegir a todos los representantes púbicos libremente.
La transición, tan denostada hoy en día por las generaciones que no conocieron el régimen en sus carnes, la podemos en marcar desde noviembre del 75 a marzo del 79. En vez de hablar del finado, lo que debiéramos es explicar que no fue un camino trillado, que todos tuvieron que ceder, algunos callar, otros confiar. Que algunos pagaron con su vida, como el atentado de Atocha. Porque hubo personas que se empeñaron en desbaratarlo todo desde la extrema derecha hasta los terroristas que decidieron no abandonar las armas y refundarse en ETA militar, con la posterior socialización del sufrimiento. La memoria histórica afecta a todo: a las cunetas y simas, a las checas, a Paracuellos, al valle de Los Caídos, a los atentados y secuestros de ETA y a las malas practicas en la lucha antiterrorista.
Otra coincidencia histórica del 20N es que por primera vez un Fiscal General del Estado ha sido condenado por revelación de secretos. Y no importa que sean ciertos. Eso no se debe hacer y menos buscando rédito político contra la pareja del defraudador. Un signo de democracia pese a que hunos y hotros seguirán tensando la cuerda. Aunque todos tengan las mochilas bien repletas. No merece la pena cuantificar quien la lleva más llena, porque eso es alimentar el tu más. Hay que mirar adelante y construir un futuro en donde todos podamos vivir en paz. ¡Viva la vida y el ecuánime pensamiento crítico!
Jesús Bodegas Frías, Ldo. en Ciencias Biológicas.
Artículo anterior Ni trato, ni truco



