Artículo 186
¡Se casa el Dúo Kapikua!
Raúl fue el novio y su compañero Javier, el celebrante.
Fue una boda impregnada con la grandeza de la sencillez. Cincuenta familiares y amigos hacíamos con nuestro cariño un entorno y un decorado perfecto para la pareja, que brillaba bajo las nubes de la tormenta que a modo de dron sobrevoló La Fábrica del Hielo.
Fue oportuna, justo tras el sí de Mercedes (la novia, guapísima, con un vestido de encaje que le encajaba a la perfección), sonó un trueno contundente y tras éste se asomó el sol para saludar a los novios, asistentes y al servicio. De fondo, un señor con guantes blancos cortando jamón que resultó ser de Joselito (no pregunté), pero tal vez fue un regalo del cantante.
Resultó una de esas bodas en las que acudieron como invitados: Elvis Presley, el Rey emérito, Boris Izaguirre, la Duquesa de Alba, el alcalde de Madrid y otros muchos que no se quedaron a cenar. Las viandas no eran un menú de boda, eran de unos amigos que guisan con cariño para otros amigos que venían a cenar a casa.
En la Comunidad de Madrid gozamos de un clima muy personal: tenemos invierno e infierno, la primavera y el otoño, como que no hacen mucho acto de presencia.
Salimos de Madrid con un calor tropical y cielos despejados. Cuando nos acercamos a la N VI, parecía que íbamos todos a la misma boda. ¡No vamos a caber! Le dije a mi mujer con la ventanilla baja, porque la ventosidad no se quería bajar del coche en marcha. A unos 5 kilómetros del restaurante comenzó a llover, cosa que sabíamos que iba a suceder, puesto que por la mañana lavé el coche.
El Dúo Kapikua se deshizo tras sufrir la virus-invasión de los monologuistas. De repente a la gente de poco talento, programadores, representantes y otros depredadores, dejaron de gustarles los artistas “clásicos”, artistas que hacían imitaciones guionizadas con unos entre actos en los cambios de vestuario donde insertaban unos gags breves y unos, llamémosles, chistes cortos de un efecto contundente.
Su amistad contagiosa perdura en el tiempo. Esa entre otras, es la grandeza del humor, que hace de los compañeros amigos de por vida.
Me gustan los compañeros que no hacen distinciones, los que hacen reír a todos, ricos y pobres, izquierdas o derechas, los que no levantan muros, los que hacen humor limpio, sin aditivos.
Quiero hacer una pequeña reseña: Jamás un cómico (Cantinflas, Gila, los hermanos Tonetti, Martínez Soria o Chaplin) han recibido el Nobel de la Paz y sí presidentes de gobierno estando en guerra con la otra mitad del mundo. No es un trabajo que reconozcan las instituciones. Bueno, a veces te dan una palmadita en la espalda.
Así, uno se hace seguidor del humor del otro y el otro de uno, haces por conocerle y felicitarle personalmente y, cuando por fin lo consigues, descubres, como intuías, a dos extraordinarias personas, gente que hace reír al pueblo y a la capital, que trabajan y dedican su vida a ello, que viajan de un lado al otro predicando su humor en forma de parodia, por eso se les quiere.
Enhorabuena chicos, enhorabuena Mercedes y Raúl.
Que la felicidad os acompañe el resto de vuestra vida.
Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com


