Nada más fallecer el Papa Francisco, la maquinaria de la administración vaticana puso en marcha el proceso de sucesión/elección de un nuevo Papa. En veinte años este es el tercer cónclave. Aún así, siempre nos fascina y embelesa. A pesar de que conocemos todo el proceso al mílimetro, plazos, número de votos necesarios, como se comunica la decisión al mundo e incluso la presentación del nuevo sucesor. A la vez, también hay un gran secretismo rodeado de un ritual revestido de tradición y simbolismo.
Estos días la prensa nos ha saturado de información sobre los votantes. Sus orígenes, edad, carrera eclesial, cargo actual, quién y cuando fue nombrado y tendencia ultraconservador, conservador, moderado, progresista. Aunque esta clasificación esta hecha con parámetros seculares. De hecho no hay un programa electoral.
Hay quien lo ha equiparado a un proceso de sucesión de una gran corporación, pues se busca una visión de futuro. Esencialmente porque no se elige a la persona más excelente sino a alguien que aúne un conjunto de cualidades como edad adecuada, experiencia suficiente y fundamental que no despierte recelos entre las distintas facciones. Sin embargo, tampoco hay baterías de test, sucesivas entrevistas o evaluaciones 365 grados como en los procesos de selección laboral al uso.
Es muy entendible que los fieles, 1300 millones, sigan con gran interés el cónclave y especialmente lo poco que se filtra de las congregaciones previas, en donde se conocen los cardenales votantes y concretan un perfil a elegir. Se está eligiendo a la persona que será el Papa, sucesor de una larga lista que acaba y empieza en Pedro, elegido por Jesús entre sus discípulos, no por ser el más brillante, sino por su firmeza, decisión, por ser un líder natural y leal a Jesús a pesar de sus tres negaciones.
En al Iglesia Católica hay dos doctrinas. Una doctrina sexual sobre la que el Papa Francisco no ha hecho ningún cambio, defensa de la vida, unión conyugal de hombre y mujer, y celibato del sacerdocio masculino. Y otra doctrina social donde ha puesto el acento; abriendo la iglesia a todos, haciéndola misionera y evangelizadora. No por la vía del proselitismo sino por la del acompañamiento, de tu a tu, defendiendo la dignidad de las personas, bendiciendo a las personas no a sus opciones, aunque algunos no quisieron entenderlo. En parte por la prensa que busca titulares con los ojos de la polarización que nada tiene que ver con la mirada de Jesús.
También ha iniciado un camino sinodal de diálogo y escucha entre los múltiples y diferentes carismas que hay en la Iglesia. Algo novedoso, no en la institución eclesial en donde estaba un poco olvidado (en Navarra hubo un sínodo en los años 80), pero si en la sociedad civil que ha perdido la idea de consenso, el proceso de escucha y la búsqueda del bien común. Esto ha hecho que los no creyentes mostrarán atención a sus palabras y escritos. Por ello, hay en día la autoridad ética/moral del Papa ha aumentado entre las personas de otros credos y también entre agnósticos y ateos.
A buen seguro que estos termas han salido en las congregaciones de cuyas conclusiones poco se ha filtrado o dejado entrever. A excepción de un posible rango de edad, cierta habilidad comunicativa con don de lenguas y un talante o estilo abierto al diálogo y a la escucha activa.
Posiblemente, a todos nos atraiga además de la solemnidad, el ritual y los símbolos, en un mundo que va toda velocidad, sea el hecho de buscar un tiempo y un espacio para tomar una decisión compleja y con efectos a largo plazo y además no por mayoría simple. Algo que no suele ser habitual en la noria en la que estamos instalados.
Nos han centrado la mirada en los 133 cardenales que se encierran en la capilla Sixtina. ya que desde hace siglos así ha sido. Se nos olvida que hay un único criterio para ser Papa y es ser varón y estar bautizado. Ya en el pasado fueron elegidos obispos. De lo que estoy seguro, es que la Inteligencia Artificial va a equivocarse en su pronóstico, pues quien entra papable sale cardenal. El resultado será sorpresa y no creo que se haga de rogar mucho. Mientras estaremos atentos y a la espera de una fumata blanca y del nombre que elija el nuevo sucesor de Pedro, que suele ser una declaración de intenciones.
Jesús Bodegas Frías, Ldo. en Ciencias Biológicas.


