Artículo 158
Las personas, en especial los mayores, vamos muriendo un poquito cada día ante las catástrofes naturales. Volcanes, terremotos, gotas frías, accidentes de tráfico con imágenes patéticas, actos terroristas (que aún son si cabe, peores por estar hechos con premeditación y alevosía para la destrucción de vidas siempre inocentes) …
Esta semana he dejado un trocito de mi vida viendo las imágenes catastróficas producidas por la Dana en varios lugares de España, en especial en la Comunidad Valenciana, porque puede decirse que los conozco a casi todos personalmente por la cantidad de años y actuaciones en sus fiestas mayores que hice en toda la zona afectada.
En cada local, en cada coche arrastrado me he sentido atrapado, asistiendo atónito a las imágenes de televisión. He vivido el infierno de los incendios forestales, el duelo de las victimas que todos lo son, vivos y muertos. El dolor de la pérdida, la impotencia, la incertidumbre del futuro inmediato, la espera…
Los delincuentes cien veces detenidos y otras cien indultados que campan tras las tragedias…
Uno está ya en el minuto 73 del partido, habiendo éste sido detenido por una entrada violenta del Covid, un par de minutos. No sabemos en qué momento nos mandarán al banquillo ni si terminaremos el partido.
Ese día, martes 29 de octubre, el día del inicio de las inundaciones, nos fuimos con unos amigos al cine, uno de esos cines que no está en un centro comercial, sino que el comercio y los restaurantes, forman parte de él.
Los mayores pagamos dos euros por la entrada y, además los restaurantes ofertan enseñando la entrada un 2×1.
“La habitación de al lado” fuimos a ver, una buena película de Almodóvar. Ahí estábamos a las 20 horas esperando el inicio del film, cuando de súbito y sin anunciar apareció su director… Pedro Almodóvar, solo, ante una pantalla de 200 metros cuadrados, parecía insignificante a pesar de su grandeza y sencillez. Con sus gloriosas canas, su andar tranquilo y sus pantalones rojos.
Nos comentó cosas del rodaje, anécdotas de las actrices y, sobre todo, nos contó su idea de la muerte.
Las aproximadas 150 personas que asistíamos atónitos aplaudíamos cual música y algunos piropos ponían la letra, mientras se marchaba por donde entró, la luz de la sala se fue apagando hasta hacerse OSCURO.
Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com


