El miedo es el peor patógeno, lo dicen los biólogos, los médicos, los psicólogos, toda la gente que maneja los virus y las bacterias en alguna medida, y ese miedo que nos atenaza es un miedo inoculado por una epigenética intencionada o no, pero muy insistente y mordaz. A alguien le interesa ir creando burbujas protectoras para evitar el miedo, cuando el miedo, que es libre abunda desde Atapuerca como parte importante en la prevención y la supervivencia humana. Pero cuando ese miedo acaba esclavizándonos, bloqueándonos, destrozándonos emocional y fisiológicamente, es peor que una pandemia.
Por eso tenemos que vencer el miedo de base, tenemos que superar, que gestionar el miedo para que no nos convierta en seres vulnerables al máximo, donde las defensas se debiliten, donde su sistema inmune no reaccione, porque la repuesta genética respaldada siempre en protegernos y generar -aunque no lo sepa-, una homeóstasis de equilibrio, la tenga tan inhibida por su temor, su miedo, sus dudas, que ya no reaccione en su defensa, por eso se dice que el miedo es la causa de más enfermedades y muertes en el mundo: Miedo a enfermar, miedo a contagiarse, miedo a morir, miedo a salir, miedo a relacionarse con los demás, miedo al miedo…
Si a este miedo se le añade el miedo social reiterado por los medios de comunicación…; estamos las veinticuatro horas viviendo en una continua inundación, a la que mucha gente es tan influenciable que nos genera un estrés continuo, al que las personas vulnerables no tienen herramientas para filtrar, asumir, reconducir todas las embestidas de tantos profesionales que, en vez de animarnos y fortalecernos con sus palabras científicas y positivas, nos inundan mucho más y más miedo desarrollamos. Y todo eso es epigenética que modifica en alguna medida nuestro ADN. La epigenética es la huella dactilar de esa interacción (Plomín, 2000) Por eso y por mucho más -educación, familia, lectura, optimismo…- nuestra actitud frente a todo es primordial para evitar y controlar el miedo. Si vivimos con cierta relajación, con un cierto nivel de humor, con un estado de agradecimiento, si intentamos un nivel de equilibrio emocional persistente, si somos capaces he intentamos afrontar con sencillez esos miedos, nuestra salud se fortalece, nuestro sistema inmune crece y “ataca” cualquier virus o bacteria que sea ajena y tóxica… Porque un ambiente interno y externo equilibrado modula nuestro vivir y activa positivamente nuestras defensas, esto no lo duda nadie…
En este sentido nuestro querido Profesor dice con mucha fuerza: Que nuestra forma de vivir, de sentir, de querer, de hacer…, “que es sin duda el estilo de vida que llevemos es con diferencia, mucho más importante que nuestra genética…” No hay que engañarse, “la salud depende en esencia del estilo de vida, no de una molécula, suena sencillo, y lo es.” (Dr. Martínez González, M.A. 2018) Ese estilo de vida supone una buena alimentación, ejercicio físico, socializarse, crecer psicológicamente y es en este punto donde podemos hacer todos un esfuerzo personal e intencionado de controlar y gestionar nuestros miedos, que muchos de ellos están más en nuestros pensamientos que en una realidad real, que nunca llega, y si llega, siempre es más benigna de aquello que uno creó con sus pensamientos.
Las emociones que tenemos y del modo en que las controlamos, y el miedo es una de ellas que tanto daño nos hace, puede hacer estragos en nuestra salud si no somos conscientes que casi la mitad de la felicidad que sentimos depende de lo que hagamos para obtenerla: De las actividades que practiquemos, de las decisiones que tomemos, de las herramientas que utilicemos. Nuestro cerebro es muy bueno en aprender experiencias negativas, y muy malo en aprender experiencias positivas: Esto se debe a que nuestros ancestros tenían y debían prestar mucha atención a las malas noticias, porque si sobrevivían debían recordarlo para siempre, porque eso les hacía vivir la vida. Vamos a intentar vivirla sin miedo, porque somos nosotros quienes debemos querer, querer afrontarlo desde ya, para vivir mejor.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)


