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Sobre el Beato Lolo

Cuando nos hablan de santos, tendemos a pensar en personas normalmente mártires y que vivieron hace siglos. Si por un casual nos acordamos de alguien contemporáneo suele ser un presbítero, Juan Bosco, o más cercanos, caso de los Papas Juan XXIII, Juan Pablo II o el olvidado Pablo VI.

Sin embargo, en estos momentos de grandes dificultades, con una sociedad desorientada en valores y confusa en lo que es la dimensión espiritual de la persona son necesarios cada vez más referentes de personas laicas y más “normalitas” y que en y con su normalidad nos sirvan de ejemplo a seguir.

Manuel Lozano Garrido, más conocido por Lolo. Nació hace un siglo en Linares (Jaén) fue un joven amante del deporte y la naturaleza, alegre en sus travesuras infantiles, conoció a la Acción Católica en su juventud, y le marcó para toda la vida. “Para él la Acción Católica lo era todo.”

A los 22 años sufre una rara enfermedad que le provoca una parálisis progresiva y le ancla a un sillón de ruedas, decía: “Mi profesión: inválido.” Pero su total inmovilidad no le impidió hacerse periodista y escritor. Los últimos nueve años de su vida, también ciego.

Su vida es una mezcla de trabajo arduo y enfermedad aguda. Escribió nueve libros de espiritualidad, diarios, ensayos, una novela autobiográfica y cientos de artículos en la prensa. Cuando recibe uno de sus múltiples premios literarios dice: “Gano mi pan con el sudor de mi frente”. Y fue así porque cuando ya no podía escribir con la derecha, aprende a hacerlo con la izquierda, cuando tampoco puede coger el bolígrafo pide que se lo aten a la mano. Y cuando se queda ciego, dicta en un magnetofón.

Lolo desarrolló una dimensión personal que fue hacer de lo “extraordinario”, que eran aquellos enormes dolores de su enfermedad, pareciese “ordinario”, por la normalidad rutinaria con que vivía sus circunstancias. Aquella situación tan dura la convirtió en “aparente“ normalidad. Su medico le decía “eres el en enfermo grave que goza de más buena salud”.

Su vida se apaga un 3 de noviembre de 1971, día de San Martín de Porres, “Fray Escoba” quien creció en la santidad en un rincón del convento, como Lolo en su metro cuadrado que ocupaba su sillón.

Lolo fue un seglar, un cristiano que se tomó en serio el Evangelio, como decía de él el padre Martín Descalzo: “Se dedicaba a ser cristiano. Se dedicaba a creer”.

Hasta su casa se acercaban personas de toda clase y condición social, intelectuales, trabajadores, sacerdotes, enfermos, …pero sobre todo jóvenes. Estos eran los que más frecuentaban su amistad. Tenía una sensibilidad especial con ellos, era “el amigo siempre alegre, el comunicador de alegría”.

Al compás del caminar de la Iglesia que “estaba en Concilio” seguía con avidez las crónicas y reflexiones de los teólogos del Vaticano II, penetrando en profundidad en su espíritu conciliar.

Fue el fundador de la obra pía “Sinaí”, en los que cada semana un grupo de 12 enfermos junto con un monasterio de clausura toman sobre sí el “cuidado espiritual” de un medio concreto de comunicación social.

Lolo dejo “la oración por los periodistas” y un decálogo (https://amigosdelolo.com/decalogo-del-periodista-escrito-por-el-periodista-manuel-lozano-garrido-150/) para los periodistas en el que recomienda “pagar con la moneda de la franqueza”, “trabajar el pan de la información limpia con la sal del estilo y la levadura de la eternidad” y no servir “ni pasteles, ni platos picantes, sino el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora”. ¡Realmente un ejemplo a seguir! (Francisco I 26/09/2019).

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