Que España cuente con unos Presupuestos (PGE) supeditados y hechos a la medida política, de unos pocos representados en pequeñísimas minorías, bajo la excusa de que Sánchez, sí o sí, necesita unos presupuestos o cuentas del Estado, no es pretexto.
Hace escasos 12 días, estuvo reunido con el principal partido de la oposición, el PP. Quien le llevó planes económicos para «ajustar» esos presupuestos y posibilidad de apoyo, con la condición que su socio minoritario de Podemos, izquierda radical comunista.
Sánchez prefiere cambiar, reformar, el sistema de derecho, incluida la Constitución, al servicio del separatismo, secesionismo e independentismo, que busca la República. Esos pequeños partidos anti-España y anti-todo que le aúparon a la Moncloa en un gobierno de coalición con Podemos.
Y todo apunta a que Cs, con Inés Arrimadas al frente, los apoyará igual que la quinta y sexta prórroga del estado de alarma por coronavirus. Y eso, da un toque de distinción, política, claro.
Sea como fuere, unos presupuestos que nacen «tocados». Mantenerse en la Moncloa, asegurarse la continuidad incluso chantajeando con los fondos europeos de recuperación que, como dijo Europa, deben estar “desvinculados” de los PGE. Y a esto se añade la gestión calamitosa de la crisis sanitaria, también en esta segunda «oleada», que ha hundido la economía española.
Cuando la incapacidad de un Gobierno y su gestión pide convocar unas elecciones.

