
Cada vez que hay una fiesta con un marcado carácter religioso en esta tierra, al actual Gobierno de Navarra y el cuatripartito que lo sustenta, “le duelen los oídos”. No soporta la aún elevada religiosidad y mantenimiento de las tradiciones que atesora la sociedad navarra.
No resulta asombroso, por tanto, que su portavoz y consejera de Educación “salga a la palestra” mostrando el deseo que tiene este Gobierno de reducir la enseñanza religiosa al mínimo posible en los centros que se supone reciben fondos públicos.
Por lo visto, el que no haya enseñanza religiosa en un centro educativo, predispone a su alumnado a obtener un espíritu acorde a los principios que rigen al cuatripartito que hoy sustenta a todo un Gobierno.
Una vez más, se rompe un mandato constitucional que es el principio de la libertad religiosa, por el que cualquier persona puede a aspirar a recibir una enseñanza religiosa adecuada y libre, sin dificultades.
La tendencia de los gobiernos llamados de izquierda, como presume este (además, claro está, de su nacionalismo vasco) es eliminar lo que para ellos es el llamado “opio del pueblo”, es decir la religión, la que pone libertad en el Hombre. Para un Gobierno sustentado por este tipo de ideologías, es vital la supresión de aquello que distrae a sus ciudadanos.
Son precisamente los ciudadanos, quienes, ante este tipo de conductas, deben manifestar su rechazo e impedir con ello, la decisión a tomar. Un amplia oposición, seguramente, haría recular al gobierno en la adopción de este tipo de medidas.
