Los barcos contratados para acoger a los cientos de miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que fueron enviados a Cataluña para mantener el orden constitucional mostraron lo “maltratados” que se sienten muchas veces respecto de sus mandos y, sobre todo, desde su Gobierno.
El barco llamado “Piolín”, por el personaje que aparecía pintado en su casco, se convirtió en el símbolo negativo de estos policías, que tuvieron que malvivir en dicho barco mientras estuvieron movilizados para mantener el orden.
No extraña que estos policías y, ante el comportamiento indigno “de sus otros compañeros”, los Mossos de Escuadra catalanes, se hayan rebelado contra las malas condiciones laborales que sufren y, hayan pedido, como mínimo, igual salario.
El Gobierno español, de la mano de su ministro del Interior, prometía, hace pocas semanas, que los salarios iban a equipararse entre unos y otros.
Pero por lo visto, la promesa se ha quedado en apenas nada, puesto que las condiciones laborales para poder tener dicha subida se han vuelto tan imposibles que ha obligado a protestar a los colectivos de policías españoles.
El Gobierno debe cumplir lo que promete y más a quienes defienden la Ley establecida y persiguen a quien la incumple. Flaco favor se haría a la sociedad española, si quienes la defienden, se sienten marginados y minusvalorados y eso, el Gobierno lo sabe.

