
Los últimos sondeos electorales para las catalanas del 21D, mostraban dos resultados que no parece que convencían mucho a la élite de la política.
El primero la subida de Puigdemont y los suyos, algo contrario a los intereses de esa élite política llamada «el gobierno», que siempre ha preferido al ínclito Junqueras -por eso sigue en la cárcel, cuál mártir-; y el segundo la subida de Arrimadas y de su partido Ciudadanos, que rompería con ello el axioma gubernamental de primero con Iceta y su jefe, claro está, Pedro Sánchez.
Por ello, y gracias a la labor judicial, se desactiva a Puigdemont, o eso se piensa, quitando la orden europea de busca y captura, con lo que el «preso político» deja de serlo -nunca lo había sido-.
Por otro lado, las encuestas demuestran que el PP vuelve a ser el último en Cataluña. Su líder, que empezaba a ser molesto, desactivado.
Cuál juego diabólico, así se están poniendo las cosas en las elecciones catalanas, para al final ganar los de siempre. Esa llamada élite política que sólo quiere una cosa, el poder.

