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Cuando un Gobierno abusa de su poder, llega la hora de cambiarlo. La consejera de interior del Gobierno de Navarra ha querido y quiere castigar a quien no protege a los suyos.
Si las informaciones son ciertas, el pasado mes de septiembre, un oficial de la policía foral procedía a la identificación de un antiguo etarra en las calles de Pamplona. Enterado el sindicato LAB, recordemos afín a las ideas abertzales, presenta una queja ante la consejera Beaumont y ésta, sin pensárselo dos veces, sanciona al policía.
Cuando un miembro de un Gobierno abusa, claramente de su poder, es el presidente, en este caso presidenta, quien debe cesar al implicado. En este caso el cese ya debería haber sido efectivo. La consejera de Interior, ya ha demostrado en sobradas ocasiones su falta de imparcialidad y corporativismo, amén de un profundo sectarismo.
Parece como si se quisiera socavar la labor de este Cuerpo de Seguridad tan significado en esta Comunidad Foral. Primero con la fallida Ley de policías, ahora con el desprestigio de sus integrantes. El Gobierno navarro sigue con su labor de zapa. Zapa de todos los símbolos de esta comunidad. Objetivo, la desaparición de todo lo singular y peculiar, para que así sea más fácil la integración de Navarra en el País Vasco y la conformación de su gran proyecto, Euskalherria.


