Desde los tiempos del presidente Monroe, allá por el primer cuarto del siglo XIX, cuando se acuñaba la famosa frase “América para los americanos”, no se había conocido a ningún presidente de los EEUU, hasta la llegada de Donald Trump, que antepusiera los intereses de su país a los intereses del resto del mundo.
Su conocida frase “Hagamos América grande otra vez” devuelve al espíritu de tiempos pasados de los Estados Unidos de América del Norte, cuando este país, que se iba convirtiendo en una primera potencia, anteponía el espíritu americano en primer lugar, antes que a cualquier otro interés. Basta recordar cómo EEUU no participó plenamente en ninguna de las dos guerras mundiales, hasta que no tuvo otro remedio, hasta que vio peligrar su estatus como potencia libre.
Donald Trump acaba de afirmar, precisamente, en relación a la defensa de su país como potencia libre, que va reforzar el poder disuasorio estadounidense para con ello conseguir la paz. Para ello, se ha comprometido a aumentar, significativamente, el presupuesto militar confiando que el resto del mundo vea el peligro que supone atacar a esta potencia.
El mundo pudiera encontrarse con una nueva “Paz armada” como la que aconteció hace poco más de 100 años, en vísperas de la que entonces recibiría el apodo de “Gran Guerra” o en vísperas del llamado período de la Guerra Fría, después de la II Guerra Mundial, cuando la disuasión nuclear evitó varias veces una III Guerra Mundial.
Queda por ver cuál será la respuesta de la Vieja Europa, que ve cómo su influencia va perdiendo enteros ante la Rusia de Putin o los EEUU de Trump. Quizás, por tanto “mirarse al ombligo”, obviando otras realidades, pueda hacerla fracasar. El tiempo lo dirá.

