Hace ya unos meses un granadino llamado Alejandro Fernández ingresaba en prisión para cumplir una pena de cárcel de 6 años, por haber estafado 79 euros con una tarjeta de crédito falsa. Ahora el Juez comunica a Iñaki Urdangarin, esposo de la Infanta Cristina, que se le condena a poco más de 6 años de cárcel por haber cometido prevaricación -en concurso con falsedad y malversación-, fraude, tráfico de influencias y dos delitos contra la Hacienda Pública, además de pagar 512.553 euros de multa.
Algo no funciona en este país. Ejemplos como estos demuestran que no hay una misma vara de medir en la Justicia.
No habrá sorprendido a nadie, por otro lado, que la esposa de Urdangarin, la Infanta Cristina, haya quedado absuelta. Debe recordarse que salvo “Manos Limpias”, la judicatura no había pedido pena de cárcel para ella. Curiosamente, el Juez Castro, iniciador del proceso contra Iñaki Urdangarin y la Infanta, se veía sorprendido al declarar “que no esperaba esta sentencia”.
Los acusados, Diego Torres e Iñaki Urdangarin, pueden aún apelar al Supremo e incluso solicitar el indulto al Consejo de Ministros, con lo que, incluso, podrán tener una rebaja de su condena y dejar “con la boca abierta” al conjunto de los españoles, que no comprendes cómo los poderosos consiguen penas, condenas, que el resto de los mortales, caso por ejemplo de Alejandro, no van a conseguir nunca.
El Ministro, señor Catalá, declaraba estos días que la Justicia en España, mantenía altas dosis de imparcialidad y que no se veía influenciada por otros estamentos. Sentencias como la acaecida este viernes no hacen más que dudar de las palabras de aquellos que defienden lo indefendible.
No vayamos a pensar que, como decía aquél, «la Justicia es un cachondeo».


