Quién ha visto y quién ve a alguno de los líderes europeos. Hace ya un par de años que el primer ministro Tsipras “echaba pestes” contra la Unión Europea (UE) al considerarla culpable de los males que asolaban a su país, Grecia. También Tsipras (y su partido, el podemita griego Tsiriza) echaba la culpa de sus males a España, al considerarla culpable del no a las medidas que podían solucionar los problemas griegos.
Ayer, se celebraba una mini cumbre de media hora escasa de duración entre Tsipras y Mariano Rajoy en la que la sintonía entre ambos dirigentes parecía clara. Cómo ahora quieren visualizar que ha cambiado todo y en tan breve espacio de tiempo político.
Los ciudadanos asisten a estos juegos, entre los dirigentes políticos europeos -y no europeos-, estupefactos e incluso indignados, porque no se puede comprender que lo que ayer era tan odiado hoy sea tan amado. El honor y los valores morales, que deberían tener los políticos, brillan por su ausencia. No se puede comprender cambios de pareceres tan opuestos entre unos días y otros.
Aquí en España abundan casos de este tipo. El gobierno español parece ser un experto, puesto que es capaz de negociar con quien busca la ruina y la destrucción nacional de este país, con tal de que le aseguren su permanencia en el poder. Es el caso por ejemplo, del guiño continuo que se hace al nacionalismo vasco para conseguir la aprobación de unos presupuestos, cuando se sabe que dicho nacionalismo sólo negociará si ve que con ello que obtiene su beneficio.
Los ciudadanos no se merecen una clase política española o europea como la que hay en estos momentos, que sólo busca su ganancia, rendimiento, utilidad, lucro o dividendo político-personal.

