El ex presidente del gobierno vasco, el socialista Pachi López, acaba de presentar su candidatura a Secretario General del PSOE. Ha recalcado en sus declaraciones que quiere que en el proceso de elección, puesto que va a ver más de un candidato, la lucha no sea fratricida. Quizás no recuerda que él mismo, que fue uno de los seguidores más cercanos del malogrado Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, ha comenzado la lucha fratricida al presentarse y «renegar», por tanto, de quien fue su Secretario General. Dos, tres o más candidatos, parece que pudieran presentarse al cargo directivo de esta formación política, configurando un panorama de autentica división en las filas del socialismo español. División, no obstante, materializada en la malograda investidura del presidente Rajoy.
Lucha fratricida la que existe también en el partido del ahora discutido Pablo Iglesias, Podemos. Una auténtica lucha de poder entre unas facciones y otras, que amenazan con hacer “saltar por los aires” el llamado espíritu de Vista Alegre que representó Podemos.
Lucha menor, pero también fratricida en el partido de Alberto Rivera, Ciudadanos, que en su próximo Congreso Nacional pudiera mostrar las ya aparentes debilidades existentes, fundamentadas todas en el excesivo protagonismo que Rivera parece acaparar, a juicio de algunos afiliados del partido.
El Partido Popular, el partido del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tampoco parece que se libra de tensiones. Tensiones, eso si, mitigadas por estar en el poder de este país y que sería totalmente débil y relevado con la perdida del gobierno, lo que provocaría una lucha de poder, también fraticidia, dentro del partido. Lucha que se produciría, en estos momentos, entre los partidarios de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, y los partidarios de la todavía Secretaria General, María Dolores de Cospedal, e incluso entre los que querrían una renovación profunda de las estructuras del partido, salpicadas como están de los casos de corrupción.
Luchas fratricidas presentes, por tanto, en los principales partidos del panorama político de este país y que no ayudan, para nada, en la recuperación española y sí continúan ayudando al profundo desapego que los ciudadanos tienen hacia la clase política.

