Hace ya unos cuantos años, al Gobierno de Navarra se le ocurrió construir un embalse, situado en el norte de esta tierra, con capacidad para abastecer de agua de riego y otros usos, a un buen número de personas que vivían en la Ribera de Navarra. El embalse se quería plantear en el entorno de un pequeño pueblo llamado Itoiz. Rápidamente surgió una plataforma de afectados por la construcción de dicho pantano y empezaron los problemas. Problemas que se agrandaron cuando personas afines al entorno radical abertzale vasco, comenzaron a inmiscuirse en dicho asunto, hasta el punto de que el nacionalismo en su conjunto empezó a no apoyar el proyecto. Un proyecto que sufrió varios sabotajes y que, por tanto, tuvo que poner seguridad para protegerse.
Han pasado los años y, pese a la oposición permanente de algunos, el embalse se ha construido y de él se ha derivado otra obra, la del Canal de Navarra, que debería transportar, cuando esté finalizada su construcción, el agua suficiente para cubrir las necesidades de riego de una gran cantidad de hectáreas de cultivo de la Ribera navarra.
El actual gobierno nacionalista vasco de Navarra y, después de una demora consentida, acaba de anunciar que va a comenzar la Fase II de construcción de dicho Canal, fase que se encontraba paralizada desde 2012 y que el actual gobierno se negaba a continuar. Pero la polémica desatada en Navarra y la Ribera por esta negativa y los estudios de alternativas realizados por las empresas públicas INTIA y NILSA y el estar en el gobierno y no en la oposición, ha hecho cambiar la postura.
El anuncio ha sido realizado, curiosamente, atacando a los partidos que habían apoyado dicha obra pública. Se ha perdido ya la mitad de la legislatura, y ya se sabe, que las obras que se dejan para los que vengan después, no suelen terminar bien. Sus presupuestos se disparan y llega el caos.
Eso sí, seguro que -ahora- si se inicia la II Fase del Canal de Itoiz, será sin «plataformas» ni «coordinadoras» anti «Itoitz».

