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EDITORIAL: Trump, Putin y Obama

EDITORIAL: Trump, Putin y Obama

Desde hacía mucho tiempo, no se producía una traspaso de poder tan polémico y complicado en la administración norteamericana. El presidente saliente Obama no parece estar dispuesto a que el presidente electo Trump deshaga de un plumazo sus 8 años de gobierno, por cierto, calificados de erráticos, por más de un analista político. Al igual que en su día Jimmy Carter, Obama parece estar dispuesto a seguir en la política activa para intentar frenar, en este caso, el mandato de Donald Trump.

No extraña que esté insistiendo en la acusación, ya reconocida por Trump, de que la administración rusa interfirió en las pasadas elecciones norteamericanas mediante el control informático del Partido Demócrata de la entonces candidata Hillary Clintón. Todo sea por poner la sombra de la duda en el triunfo republicano.

Y es que la victoria de Trump, no fue contemplada por el partido demócrata hasta el mismo día de las elecciones, en las que vio como Estado tras Estado iba votando mayoritariamente por el partido republicano, hasta que fue inesperadamente inevitable.

Desde la campaña mediática y política antitrump y hasta el 20 de enero, fecha de la toma de posesión del presidente electo Trump y aún después, el mundo va a asistir al descrédito de la próxima administración norteamericana, incidiendo, sobre todo, en la amistad que Trump quiere con Putin, presidente ruso, por considerarla fuera de lo normal, por el recuerdo de todos esos años en los que ambos países se enfrentaron en todos los campos posibles, en lo que se conoció como la Guerra Fría.

El considerado el país más democrático del mundo, asiste a algo que es profundamente antidemocrático, como es no reconocer la victoria del rival. Un sistema electoral basado en que el triunfo lo obtiene solo el que queda en primer lugar, asiste sorprendido, a que un ya expresidente insista en atacar al que ha que quedado precisamente primero y mayoritariamente apoyado con los votos estadounidenses. Quizás, el partido demócrata y el señor Obama tengan remordimientos por no haber apoyado claramente a su candidata y haberla dejado “a pie de los caballos” cuando estallaron casos como, por ejemplo, el de los emails de la señora Clinton que tanto daño hicieron a su candidatura.

Mientras tanto, todo sigue su curso, el mundo asiste, en una tensa calma, a la llegada al poder de la era Trump. En poco tiempo, quedarán olvidadas las actuales polémicas y surgirán, seguramente, otras más importantes. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio.

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