La capacidad de cambio de opinión en la clase política es sorprendente. Lo que hasta ahora eran recursos de inconstitucionalidad, por parte del Gobierno de España, contra leyes aprobadas por el Parlamento y Gobierno navarros, va y resulta que ahora no están tan claros, puesto que se va a negociar su desestimación en futuras reuniones entre el Estado y el Gobierno de Navarra.
Los ciudadanos asisten a un “cambio de cromos” entre un gobierno débil y una oposición, en este caso nacionalista, con el objetivo para unos de mantenerse en el gobierno “cueste lo que cueste” y para otros de conseguir lo máximo.
Es también sorprendente que un gobierno central tolere que un gobierno regional, en este caso, el navarro, pida sin ningún tipo de pudor aumentar su límite de endeudamiento. Está comprobado que cuando el gasto es superior al ingreso, el desarrollo económico se paraliza e incluso comienza a disminuir. Además, una de las razones del déficit de la economía española viene dado por el gasto de las 17 comunidades o gobiernos regionales que tiene este país. Permitir un aumento del techo del gasto solo beneficia a la propia supervivencia del gobierno a corto plazo, pero perjudica notablemente a largo plazo el estado del bienestar de los ciudadanos.
Una y otra vez, el ciudadano se pregunta si merece la pena tener un gobierno de estas características. Un gobierno que tiene que aceptar las exigencias de una oposición que quiere demostrar que lo es y que no le importa “tumbar”, una tras otra, las leyes del gobierno. A no ser que el partido de gobierno quiera y desee que así sea.


