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En defensa de la pobre clase media

Recientemente hemos conocido por boca del ministro Montoro las nuevas medidas que quiere adoptar el gobierno del Partido Popular a fin de sanear la economía según no tanto de las necesidades reales de los españoles cuanto de las imposiciones que Rajoy recibe de Bruselas.

Entre estas medidas destacan un nuevo hachazo a la hucha de las pensiones; una subida del salario mínimo a 756€ por mes, que nos sigue situando muy por debajo de los países de nuestro entorno (Francia 1.466€, Alemania 1.440, Inglaterra 1.512, Bélgica 1.531, Holanda 1.537, Irlanda 1.546…); un incremento del impuesto de sociedades que afectará especialmente a las PIMES, las mayores creadoras de empleo en España; un incremento de los impuestos de tabaco, alcohol o bebidas azucaradas; es decir, un paquete de medidas antisocial que va a repercutir sobre todo en las familias de la clase media y baja.

No se habla para nada de incrementar el impuesto de lujo; ni de derogar la injusta amnistía fiscal; ni del rendimiento de las SICAV; ni de las grandes fortunas escondidas en maletas o en paraísos fiscales: es decir no se van a ver afectados los más ricos, sobre todo los que obran al margen de la legalidad. Las cargas recaerán una vez sobre los humildes, dándose un nuevo golpe a la clase media, que es el principal factor de estabilidad de todo país, pero se verá multada con un 25% si intenta, por ejemplo, reformar su casa pagando en efectivo más de 1.000 eurillos.

Un 4 de diciembre de 1892, tal día como ayer,  nacía Francisco Franco Bahamonde, figura no exenta de controversias -como la suscitada contra el artículo de Luis Suárez en la Real Academia de la Historia- que ejerció la jefatura del Estado español de 1936 a 1975. Pero no es momento, aún falta perspectiva histórica, de entrar en juicios de valor sobre quien a los 14 años ingresó en la Academia de Infantería, de la que salía en 1910 y en 1926, con 34 años llegaba a ser, por méritos de guerra, el general más joven de la historia de Europa, junto con Napoleón Bonaparte.

Ya nos enseñan las Escrituras que “nadie es profeta en su tierra” y quizá tenga que pasar más de una generación para que, como suele acabar ocurriendo, el tiempo y la Historia pongan las cosas en su sitio. Quienes, por no estar en España, lo vieron más neutralmente ya le otorgaron diversas e importantes condecoraciones internacionales: la Encomienda de la Legión de Honor Francesa, el Gran collar portugués de la Torre y la Espada, la peruana Gran Cruz de la Orden del Sol o la Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo, máxima condecoración de la Santa Sede, son algunos ejemplos de reconocimiento por diversos países, continentes y mentalidades.

Con los fríos y asépticos números de la estadística y las matemáticas, que no entienden de ideologías, se puede ver que datos incontrovertibles prueban que, si, en 1939, España era una nación destrozada por una guerra civil y con un porcentaje de deuda pública del 60% del PIB, en 1975 ésta representaba sólo el 12,8 % del PIB, frente al actual 100,5%; el índice de paro en 1975 era del 3% frente al 20% actual: desmesurados incrementos del desempleo y la deuda en consonancia con el IPC y los impuestos directos (por ejemplo las pensiones de viudedad en 1975 no eran contributivas) o indirectos como el IVA o los que cargan necesidades básicas como luz o combustibles.

¿A qué viene todo esto? Sencillamente a una anécdota histórica que quiero referir a continuación. En 1972, tuvo lugar una famosa entrevista entre el Jefe del Estado español y el militar y político estadounidense general Vernon Walters, quien acudió aquí movido por la inquietud que la edad y salud de Franco ocasionaban al mundo occidental. He aquí la transcripción, de una parte de la conversación, narrada por dicho personaje americano:

<Yo había estado en Madrid con Eisenhower y Franco me conocía.― “Su presidente quiere que le hable francamente, de qué?” Yo le dije:― “Mi general, por un accidente de la historia, el Presidente de los Estados Unidos tiene mucha responsabilidad en varias partes del mundo. El está muy preocupado por la situación en el Mediterráneo Occidental, tiene mucho interés y respeto por su opinión y quiere saber cómo ve usted los acontecimientos futuros en el Mediterráneo Occidental”. El me dijo:

 ― “Lo que realmente interesa a su Presidente es lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no?”. Le contesté:

― “Mi general. sí”

― “Siéntese, se lo voy a decir: yo he creado ciertas instituciones, aunque nadie piensa que funcionarán. Están equivocados: el Príncipe será Rey, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, drogas y qué se yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España». Yo le dije:

― “Pero mi general, ¿cómo puede usted estar seguro?”

― “Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de España hace cuarenta años” Yo pensé que iba a decir “las Fuerzas Armadas”, pero él dijo:

― “La clase media española. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español. No habrá otra guerra civil.”

Dicho esto, se levantó, me dio la mano y ya había terminado la entrevista>.  

 

Esto debería ser un testimonio lacerante y un revulsivo para los actuales dirigentes políticos y los denominados “agentes sociales” españoles que, entre unos y otros, sean derechas, izquierdas, centristas, separatistas… están logrando acabar con ese factor de estabilidad que es la clase media. Clase media a la que ahora Rajoy y Montoro, con la ayuda de Ciudadanos y los Socialistas parece que van a volver a castigar.

Conviene no tanto hacer una reflexión nostálgica de la legislación social del régimen anterior, cuanto traer a la memoria la Doctrina Social de la Iglesia, recordando las palabras de Benedicto XVI en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos, celebrada en Roma del 24 al 26 de noviembre de 2012: “Nunca debemos cansarnos de replantear esta pregunta, de volver a empezar de nuevo desde Dios, para dar de nuevo al hombre la totalidad de sus dimensiones, su plena dignidad. En realidad, una mentalidad ampliamente difundida en nuestro tiempo, y que renuncia a toda referencia a lo trascendente, se ha manifestado incapaz de comprender y de preservar aquello que es humano».Y, haciendo una referencia muy actual, añadió: «La difusión de esta mentalidad ha generado la crisis que hoy vivimos, que es una crisis de significado y de valores, más que una crisis económica y social”.

Esta alocución el Pontífice la concluyó diciendo que la primera respuesta al gran reto de nuestro tiempo –que no es otro que la respuesta a la cuestión de Dios– debe ser “la profunda conversión de nuestro corazón, para que el bautismo que nos ha hecho luz del mundo y sal de la tierra, pueda transformarnos de verdad”. De nosotros, los ciudadanos que elegimos a gobernantes y representantes sindicales, debe exigirse la responsabilidad de no ejercer unos votos masoquistas e inconscientes, a fin de los gobiernos dirijan su acción al objetivo primordial del Bien Común, de forma que la injusticia de los poderosos no continúe castigando ni pisoteando más las necesidades y derechos de las empobrecidas o paupérrimas clases medias y bajas.

 Pedro Sáez Martínez de Ubago, investigador, historiador y articulista.

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