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«El lobo y la zorra» cuento 4.0 adaptado del original de los Hnos. Grimm

«El lobo y la zorra» cuento 4.0 adaptado del original de los Hnos. Grimm

EH Bildu vivía con Geroa Bai , y ésta debía hacer lo que aquél le
mandaba, porque era la más débil; con mucho gusto se hubiera librado
de su amo. Un día en que los dos vagaban por el bosque de Navarra, dijo Bildu:
– Geroa, tengo hambre; búscame algo de comer o te devoraré a ti.
Respondió Geroa:
– Sé de una granja de Educación donde hay unos cuantos corderos; si quieres, iremos por uno.
Asintió Bildu, se encaminaron a la granja, robó Geroa el cordero del PAI , lo
llevó a su amo y echó a correr. Bildu se comió el PAI; pero no
habiendo quedado satisfecho, quiso también los restantes corderos de la OPE en euskera, las corderas de las becas de la Universidad de Navarra, etc, etc, etc.  y fue en su
busca. Pero tan torpemente lo hizo, que la oveja madre lo sintió y se
puso a balar tan fuerte y a meter tanto ruido, que los campesinos navarros acudieron corriendo y pillaron a Bildu, propinándole tal paliza, que
la fiera llegó a la guarida de Geroa aullando y cojeando:
– ¡A buen sitio me llevaste! -lamentóse-. Cuando quise apoderarme de
otro cordero, los campesinos navarros me atraparon y me pusieron como nuevo.
– ¿Por qué has de ser tan glotón? -replicóle Geroa.
Al día siguiente volvieron a salir a la campiña navarra, y el glotón de Bildu
repitió lo de la víspera:
– Geroa, tráeme algo de comer o te devoraré a ti.
Y respondió Geroa:
– Conozco una churrería donde hoy la Paulina fríe churros; vamos a
buscar unas cuantas roscas.
Dirigiéronse a la Mañueta, y Geroa se deslizó por los alrededores,
espiando y olfateando hasta que, habiendo descubierto la fuente de los
churros, cogió trece roscas y se las llevó a Bildu:
– Ahí tienes merienda -le dijo, y se marchó. Bildu se zampó las
roscas de un bocado y por si fuera poco lo remojó con tres botellas de patxarán y una de patxaka   y dijo:
– Saben a más.
Pasó el mostrador y se lanzó sobre la caldera, con tan mala pata que
ésta se cayó al suelo y le salpicó todo el aceite, con gran estrépito. Acudió Paulina, al ver a Bildu, llamó a sus hijos y familiares. Vinieron todos corriendo y
zurraron al animal de tal modo, que hubo de huir cojo de dos patas. En
lamentable estado llegó a la madriguera de Geroa,
– ¡Maldito lugar a que me llevaste! -gritóle-. Los Elizalde me pescaron
y me molieron a palos.
Pero Geroa le respondió:
– ¿Por qué has de ser tan glotón?
Al tercer día de salir juntos, Bildu, que andaba con dificultad y
cojeando, volvió a las andadas:
– Geroa, tráeme algo de comer o te devoraré a ti.
Dijo Geroa:
– Sé de unos jóvenes que han hecho la matanza en Compañía y guarda la carne salada en
un barril, en la bodega en malas condiciones; vamos por ella.
– Pero te vendrás conmigo -dijo Bildu-, para ayudarme en el caso de
que esté podrida busquemos una solución.
– Por mí, no hay inconveniente -contestó Geroa, y le enseñó los rodeos
y caminos por donde, al fin, llegaron a la bodega.
Había en ella carne en abundancia pero en mal estado, y Bildu se enfadó y le dijo: «¡No hay derecho a que me traigas aquí, para esta tarde le encargo a un alarife que conozco prepare en un hogar en condiciones la matanza!,» . Llegaron a la tarde y estaba todo preparado en Caparroso . Las mondongueras habían preparado ya las longanizas, morcillas y papadas que en un abrir y cerrar de ojos se los zampó todos.

Geroa asustada de la panzada que se habían dado, miraba en todas direcciones, y con
frecuencia corría al agujero por el que habían entrado, para vigilar
que su cuerpo no se hinchase demasiado y le impidiera salir. Díjole
Bildu:
– Amiga Geroa, ¿a qué vienen estas constantes idas y venidas, y este
saltar de fuera adentro y de dentro afuera?
– Vigilo que no venga alguien -respondióle la astuta-. ¡Tú no comas demasiado!
Pero Bildu replicó:
– ¡Lo que es yo, no me marcho hasta dejar el barril vacío!
En éstas llegó el guardia a la mansión, pues había oído el ruido de
los saltos de Geroa. Ésta, al verlo, de un brinco le quitó la boina roja y la estaca y se escapó por el
agujero; Bildu quiso seguirla, pero a fuerza de comer se había llenado
de tal modo que no pudo pasar por el agujero y se quedó en él
aprisionado. Armóse el guardia de un buen bastón, y apaleó a Bildu a
garrotazos, mientras Geroa saltaba por el paseo del Arga, contenta de haberse
librado del viejo glotón.

Alfredo Martínez Basterra, ha trabajado de profesor en Educación secundaria y en la actualidad en sector servicios.

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