
Hace unos cuantos meses, la mejor jugadora de fútbol iraní y una de las mejores del mundo veía cómo se le cerraban las puertas a participar en el campeonato del mundo de futbol, al negarse su marido a darle el consentimiento requerido.
Irán, por cierto, es uno de los países en el que menos libertad tienen sus mujeres. A pesar de estos y de otros ejemplos de total discriminación hacia las mujeres, a Irán se le ha concedido la organización del Campeonato del Mundo de Ajedrez Femenino. Como no podía ser de otra manera, una vez conocida la noticia, muchas de las mujeres, grandes jugadoras de este noble juego, que iban a participar se han negado a hacerlo, aduciendo que con ello, así no se hacían cómplices del trato degradante y discriminatorio, que hacía las mujeres, tiene este país.
A las participantes, tanto a las iraníes como a cualquier fémina procedente de otro país, se les obliga a llevar puesto una especie de velo que les cubre la cabeza. Seguramente, no ocurriría nada, si este velo no tuviera una intención discriminatoria, de obediencia y sumisión hacía el hombre como tiene en estos momentos.
El yihadismo y el islamismo radical han impuesto a las mujeres el uso de esta prenda que impide que puedan ser vistas, y con ello deseadas por parte de otros hombres que no sean sus esposos.
Desde este editorial queremos manifestar nuestra más ferviente oposición a que, por ley, las mujeres sean supeditadas a la sumisión del hombre, y sean obligadas a adoptar actitudes denigrantes y humillantes contra su persona.
Queda sólo preguntarse el porqué de tamaño silencio de los movimientos feministas presentes. Curiosamente, siempre que el mundo islámico denigra a las mujeres, apenas hay protestas por parte de estos colectivos. Parece como si los “petrodólares”callarán conciencias y dejaran sin argumentos, cuando aquí en España, son capaces de protestar y de “montar jaleo” ante cualquier hecho considerado atentatorio contra la dignidad del sexo femenino.

