La caída de la, antaño todopoderosa dirigente del PP valenciano, Rita Barberá, por abrirse causa judicial contra ella, o lo que es lo mismo, por presunta corrupción, supone una nueva andanada a la credibilidad de su presidente, Mariano Rajoy, y de un partido, el Popular, que de una manera o de otra, se ve sumido en un nuevo caso de corrupción política.
El presidente Rajoy, a salvo de la prensa por el muro de contención montado por su partido, no ha realizado declaraciones inmediatas y se ha cobijado en un silencio aterrador e irresponsable, pensando que así se salva de la quema.
Son ya demasiados los casos de corrupción presentes en su partido y no parece atisbarse una solución. A pesar de ello, es el partido más votado y, por ello, es el que tiene que aportar soluciones. Unas soluciones que pasan por una profunda regeneración libre de clientelismos, libre de nepotismos y que quiera hacer política para los ciudadanos y que no sirva para los simples intereses de aquellos que quieren enriquecerse con el trabajo político.
Ser presidente a toda costa de un gobierno débil, al que, por lo visto, aspiran Rajoy y otros como Sánchez, e incluso Rivera e Iglesias, no van a solucionar la corrupción galopante. Nuevas ideas, nuevos dirigentes y nuevas soluciones son las que pueden cambiar la situación.
Mientras los mismos de siempre ocupen los principales cargos políticos, no habrá solución efectiva.

