
- Por María García, profesora de Lengua Española
Título: El secreto de mi marido
Autor: Llane Moriarty
ISBN: 9788483656112
Editorial: SUMA
Supongamos que un día cualquiera encontráramos por casualidad una carta de nuestra pareja en cuyo sobre aparecen explícitamente las palabras “abrir en caso de fallecimiento”. ¿Seríamos capaces de controlar nuestra curiosidad y respetar la voluntad de la persona con la que compartimos nuestra vida y que evidentemente sigue viva? Por supuesto que no.
Esta es la trama principal de El secreto de mi marido: Cecilia, una perfecta ama de casa, un respetado y admirado miembro de la comunidad en la que vive y además, una madre y esposa aparentemente ejemplar descubre una carta que contiene una información que cambiará, no únicamente su vida, sino también la de otras mujeres que forman parte de la historia.
También aparecen como protagonistas Rachel y Tess. La primera ha perdido a su hija adolescente, que ha sido asesinada y vive atormentada por los remordimientos y porque cree ser la única persona que conoce al asesino de su hija, jamás detenido. La segunda, Tess, ha sufrido la humillación de ser traicionada por su marido y su mejor amiga.
Se nos plantean tres historias-base en las que, superficialmente hay claras víctimas y claros culpables. Pero la autora, al profundizar en cada caso particular, nos hace ver que nada ni nadie es lo que parece, que no existen culpables e inocentes claros en ninguna de las historias, por mucho que nos guste posicionarnos o juzgar; y que, muchas veces nuestra propia realidad está muy lejos de lo que nosotros queremos que sea o lo que mostramos de nosotros mismos a los demás.
No me ha gustado la elección del título (The Husband’s secret) porque, de entrada, uno prejuzga el libro como si de un novelón romántico se tratase. Nada que ver.
Sin embargo, me ha parecido especialmente reseñable cómo se consigue demostrar palpablemente que todos somos jueces implacables cuando quienes comenten terribles — llamémosles— errores, crímenes, faltas o pecados son los demás y aplicaríamos la pena capital sobre ellos sin pestañear. No obstante, ¿qué pasaría si quien ha cometido esa equivocación forma parte de nuestra vida íntima o incluso, somos nosotros mismos? ¿Seríamos capaces de “perdonar” o “perdonarnos”? ¿Fingiríamos que no ha pasado? O quizás, ¿seríamos capaces de ocultarlo y continuar con nuestras vidas como si nada hubiese sucedido aunque ese secreto nos desgarrara interiormente para el resto de nuestras vidas?
Estas son algunas de las cuestiones que cada lector se planteará al leer la novela. La autora deja a sus personajes actuar sin mayores profundidades, de manera que es el lector quien no puede evitar plantearse qué haría él de estar en la situación de cada uno de los protagonistas.
Resulta destacable, no tanto por su trama, sino porque constantemente invita a la reflexión. La autora nos reta a cuestionarnos numerosos aspectos de nuestras vidas: los valores, la ética o moral, la compasión, la capacidad de perdón, de superar la muerte o la traición, las falsas apariencias y la hipocresía. Así como a situarnos sobre la delgada línea que a veces separa el bien del mal.
