
Consejos para prevenir un golpe de calor en el embarazo
Los meses de verano son especialmente difíciles para las embarazadas, sobre todo si el estío coincide con los últimos meses de la gestación. A las molestias habituales del embarazo y del calor sofocante se unen algunos riesgos adicionales.
Uno de los más frecuentes es el de padecer un golpe de calor. Toda la población corre el riesgo de sufrirlo pero en caso de afectar a una embarazada, las consecuencias pueden ser doblemente graves.
¿Qué es un golpe de calor?
Consiste en el aumento de la temperatura corporal por la exposición prolongada al sol o por el ejercicio en un ambiente caluroso. Esto causa que el organismo pierda agua y sales esenciales para su buen funcionamiento y que la sudoración no sea suficiente para regular la temperatura del cuerpo.
¿Hay población de riesgo?
Todos los niños, sobre todo los menores de un año, lo que comprende a los bebés, son especialmente vulnerables a los golpes de calor. También las personas de la tercera edad, personas desnutridas o con problemas con el alcohol o las drogas, aquellas que padecen enfermedades crónicas (cardíacas, neurológicas o renales) y quienes tengan la piel muy quemada por el sol.
De especial riesgo son las personas obesas. La obesidad y el sobrepeso durante el embarazo ya tienen de por sí numerosos riesgos asociados.
¿Cuáles son los síntomas?
Podemos detectar con rapidez un golpe de calor por la sintomatología asociada al mismo, como la sed intensa y la sequedad bucal, la excesiva sudoración y la sensación de sofoco, la sequedad de la piel y los calambres musculares. Además, la temperatura medida en la axila suele superar los 39 grados centígrados.
Otros síntomas nos avisan de la inminencia del golpe de calor, puesto que revisten mayor gravedad: se trata de síntomas como el desmayo, los mareos o el vértigo, los dolores de cabeza, garganta o estómago y los estados de confusión, delirio o incluso convulsiones.
Maneras de prevenir el golpe de calor
- Hay que mantenerse hidratada durante todo el día. De nada sirve beber mucho de repente y después no beber durante horas; incluso puede ser peor. Es aconsejable llevar una recipiente con agua y anticiparnos a la sed bebiendo regularmente.
- Conviene evitar los cambios bruscos de temperatura. Algo que es complicado por el abuso del aire acondicionado en espacios cerrados.
- Se han de evitar las comidas pesadas pues las digestiones lentas y trabajosas facilitan la elevación de la temperatura corporal.
- Asimismo debemos evitar el consumo de bebidas alcohólicas, puesto que provocan deshidratación. Si bien es normal que ya las estemos evitando por el embarazo, es un punto que conviene siempre recordar.
- También es recomendable evitar el consumo de bebidas con mucha cafeína o mucho azúcar.
- Es conveniente llevar algún tipo de prenda que cubra la cabeza, como un gorro o visera, puesto que es la zona más expuesta durante las horas de sol.
- No es buena idea beber agua o bebidas muy frías para “compensar” el calor. El contraste entre nuestra temperatura corporal y la temperatura de lo que ingerimos, puede ser muy contraproducente. También las bebidas muy calientes son perjudiciales.
- Si estamos en una zona de playa, piscina o cualquiera donde nos podamos bañar, debemos introducirnos en el agua de modo gradual, y más poco a poco cuanto más fría esté.
- La ropa holgada, ya de por sí la más cómoda durante el embarazo, ayudará además a mantener fresca a la mujer.
- Por supuesto, debe evitarse cualquier ejercicio físico intenso durante las horas de más calor.
Con un poco de prevención y un mucho de hidratación, los golpes de calor no deberían impedir a las mujeres embarazadas disfrutar de los meses de verano.
