Los alumnos de ética política aprenden a distinguir dónde está el bien y dónde está el mal en la acción política. El ex presidente de gobierno de este país, señor Aznar, acaba también de distinguir entre la mala y buena política. Además, con un aviso claro a los navegantes del PP, dando a entender que se están haciendo mal, las cosas tanto en el partido como en el gobierno.
Cuando se confía en exceso en los posibles buenos resultados de la economía y se descuida el resto, confiando en que el tiempo pondrá cada cosa en su sitio, la acción de gobierno se vuelve mala y tóxica. Nada bueno, por tanto, puede esperarse.
Desafíos como el catalán, cuyo último episodio va a ser la tan trinada ya Copa del Rey de Fútbol, corrupción y más corrupción, cero consenso en los principales temas que atenazan a este país y un apego al sillón infinito, son muestra de la llamada «mala política».
Los ciudadanos demandan cambios y buscan en los partidos su buen hacer para que su voto realmente es útil. De momento, no parece que nadie lo haya conseguido, ni parece que lo vaya a conseguir. Y eso que el 26J se vota.
