En 1938 la región checa de los Sudetes era incorporada al III Reich con la excusa de que tres millones de personas de habla alemana vivían allí.
Una vez producida la incorporación, las escuelas de todos y cada uno de los pueblos de los Sudetes alemanes tuvieron la obligación de impartir sus clases en alemán. En muchos pueblos de la región surgieron problemas al no querer utilizar el alemán en sus aulas.
78 años después en Escuelas Infantiles de Pamplona, se intenta imponer el ‘euskera’ a pesar de la negativa de los colectivos implicados y a pesar de las medidas cautelares impuestas por la judicatura.
«La letra con sangre entra», se decía hace ya unos cuantos años y cuando el sistema educativo no era el que es hoy.
Tanto que se habla de lo sucedido en tiempos pretéritos, repetir planteamientos pasados no parece buena idea. Tener una obsesión hace que las decisiones llevadas a cabo tengan un «tufillo» de prepotencia e intolerancia, por las que el único objetivo para realizar sea, el largo tiempo añorado.
En este caso, la transformación de una sociedad peculiar y singular, en una común a la de otras regiones vecinas, la imaginaria Arcadia del nacionalismo vasco (Euskalherria), en la que la lengua desempeñe un papel esencial y actúe como elemento aglutinador. Para ello se necesita que desde la más tierna infancia, las personas utilicen la lengua añorada, el Euskera.


