
Por Elvira Martínez Chacón.
He querido presentar la evolución de la población navarra en los años de este siglo a través de un par de cuadros muy simples, que me permiten apoyar en datos del Instituto de Estadística de Navarra lo que digo en este Apunte.
He considerado que las personas de edades comprendidas entre 15 y 64 años son quienes tienen capacidad de acudir al mercado laboral, y dejo en los extremos tanto a los niños como a las personas mayores. Aunque la edad legal de incorporación al trabajo son los 16 años, y me consta que muchas personas mayores de 64 continúan ejerciendo trabajos remunerados, por comodidad utilizo estos rangos de edades porque se puede admitir que se compensan los errores de ambos extremos.
El primer cuadro aporta un dato esperanzador: en los años estudiados ha aumentado el porcentaje de niños, un hecho que se puede relacionar con la llegada de población inmigrante. Un mayor contingente de población joven supone, desde luego, mayores necesidades educativas, pero también ofrece, desde las cohortes jóvenes, una visión optimista del futuro de la población, mayor contingente de la que tiene edad laboral, mayor dinamismo; de ahí el calificativo de esperanzador.
Esta realidad supone retos, tanto para las familias como para los políticos, sean de ámbito local o foral. Hay que prever nuevas plazas escolares de todos los niveles, también de guarderías. Las familias soportan la mayor parte de los costes y tendría que estudiarse distintas fórmulas de ayuda, directa e indirecta.
Sin embargo, el cuadro contiene también otros datos que ofrecen menos optimismo y también plantean retos. Así, si en 2001 por cada diez personas dependientes (niños y mayores de 64 años) había 22 en edades laborales, esa cifra se había reducido a 18 en enero de 2015. Asistimos, por tanto, a un aumento importante en la dependencia, que se aclara más en el cuadro (b).
Al desglosar el grupo de las personas mayores de 64 años destaca el aumento habido prácticamente en todas las cohortes, siendo muy fuerte a partir de los 80 años. Ha aumentado la esperanza de vida gracias a la mejora de los niveles de alimentación y salud y, por tanto, de la calidad de vida en general. Puede esperarse que el número de personas mayores continúe en aumento, una buena noticia, aunque, como en el caso de los jóvenes, también se traduce en mayores necesidades, ahora de pensiones, gastos sanitarios y nuevas plazas en las residencias correspondientes.
También ahora las familias asumen parte de los costes que supone una persona dependiente, a la vez que esta nueva realidad sitúa a los políticos ante la oportunidad de adoptar decisiones creativas y responsables.
Me refiero, por ejemplo, a la creación de un marco legal que facilite e impulse la inversión generadora de empleo; me refiero a la eliminación de trabas burocráticas que dificultan la creación y la implantación aquí de nuevas empresas. Habrá que realizar un estudio, serio y sereno, de la estructura fiscal de futuro para que, gracias a la capacidad fiscal de que disfruta la Comunidad Foral, se cree un clima empresarial atractivo. Parece necesario, por último, que se tenga en cuenta a las familias de clases medias, que son las que soportan, como digo, buena parte de los costes derivados del aumento de la natalidad y de la esperanza de vida.
Distribución de la población Navarra en grupos de edades. Años 2001 y 2015
| (a) |
2001 |
2015 |
| 0/14 | 13 | 15.7 |
| 15/64 | 69 | 65.3 |
| 65/74 | 10 | 9.4 |
| 75 y más | 9 | 9.6 |
| (b) | 2001 | 2015 |
| 65/69 | 27.815 | 33.006 |
| 70/74 | 25.909 | 26.666 |
| 75/79 | 21.422 | 21.010 |
| 80/84 | 13.661 | 19.931 |
| 85 y más | 12.268 | 20.608 |
| Totales | 101.075 | 121.221 |
Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía
