El nuevo triunfo de Syriza y de su líder Alexis Tsipras en las elecciones, confirma que los griegos prefieren continuar con un líder, calificado de honrado, que con la podredumbre y la corrupción de los partidos tradicionales, responsables de los males que asolan hoy a este país.
Un dato, no obstante, destaca de las elecciones de ayer, un 40 % de abstención, que muestra claramente el despego de los ciudadanos ante su clase política y ante un nuevo proceso electoral, que este año, ha sido ya el tercero.
A pesar de su triunfo, Syriza, deberá tener en cuenta que el próximo año, debe afrontar nuevos pagos de la deuda inmensa que tiene y que, por tanto, debe continuar y acentuar, aún más, las políticas de austeridad iniciadas este año. Todos los analistas económicos confirman que se deben aplicar soluciones radicales a la deuda griega, que pasan entre ellas, por una quita de la deuda, que podría aliviar la difícil situación de su economía. Dicha quita, debe pasar por la aprobación de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, con las tensiones que ello puede suponer en un futuro y que pudiera hacer peligrar, la precaria estabilidad de los miembros de la UE.
Por otro lado, cabría destacar de la noche electoral de ayer, cómo las afecciones de la clase política cambian sin cesar, mostrando el fariseísmo de la clase política. La rápida felicitación de Francois Hollande, de Francia, y de la socialdemocracia europea a Tsipras por su victoria, cuando hace unos meses, este último, parecía la encarnación del mal, no dejan en buen lugar a nuestros políticos.
Los ciudadanos no deberían acostumbrarse a este tipo de actuaciones, más bien, deberían pedir la asunción de responsabilidades para una clase política que sigue alejada de lo que se pide de ellos.

