El Fuerte de Breendonk o Fort Breendonk es una fortificación construida hacia 1906 como parte del segundo anillo de defensas, alrededor de la ciudad belga de Amberes. Originalmente fue una más entre una cadena de fortalezas construidas para defender a Bélgica contra un posible ataque por parte del Imperio Alemán, Breendonk se situaba cerca de la ciudad del mismo nombre, alrededor de 20 kilómetros al sudoeste de Amberes. Estaba cubierto por una capa de hasta cinco metros de espesor de tierra, además de estar rodeado de un foso. Tiene unas dimensiones de 200 por 300 metros. El fuerte fue usado como un campo de prisioneros por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que Bélgica fue invadida por el país vecino. Hoy en día, el lugar es un memorial nacional en recuerdo de las víctimas del nazismo, y puede ser visitado.
Tras sobrevivir al ataque de obuses durante la I Guerra Mundial y después de años obsoleto, en 1940, tras la capitulación de Bélgica, el destino hizo que este complejo cayese en manos nazis y fuese utilizado como prisión y campo de transito bajo el mando de las SS.
Los alemanes transformaron Fort Breendonk en un campo de prisioneros. El 20 de septiembre de 1940, los primeros prisioneros llegaron al lugar. Estos eran pequeños delincuentes, personas calificadas como antisociales y quienes no cumplían las nuevas leyes con respecto a las razas. Más adelante, fueron luchadores de la resistencia, prisioneros políticos y rehenes inocentes, quienes también fueron detenidos. Se utilizó otra sección del campo como lugar de tránsito para judíos que iban a ser enviados a morir en otros campos como el de Auschwitz.
El lugar conserva la oscuridad de antaño. Un foso de agua, como los que tenían los castillos medievales, rodea el complejo. Después de la pasarela que conduce a la entrada se abre una puerta metálica que da paso a un largo y frío corredor.
Breendonk presentaba una peculiaridad. Al uso no se trataba de un campo de concentración como el de Auschwitz en Polonia, o el de Mauthausen en Austria, se trataba de un «campo de reubicación, un campo de transito».

El campo estaba custodiado por guardas de las SS de procedencia alemana y flamenca. 185 prisioneros fueron ejecutados, y otros muchos fueron trasladados a diversos campos de concentración. Las horcas todavía permanecen en el lugar, al igual que un cámara de tortura de las SS. Al contrario de lo que piensa la gente, nunca han habido cámaras de gas en Fort Breendonk.
Había hombres y mujeres. Judíos y presos políticos. Todos ellos, cerca de 3 mil 600 personas, recuperaron su identidad después de 70 años en el olvido, gracias a un libro que rinde homenaje a los presos de Breendonk, el único campo nazi de concentración en territorio belga durante la Segunda Guerra Mundial.
La obra devuelve el nombre y pone cara a esos prisioneros, de los que más de la mitad fallecieron durante el conflicto bélico (1939-1945): algunos ejecutados, otros como consecuencia de los malos tratos y las terribles condiciones del centro y el resto en los campos de exterminio alemanes.
«Hacía falta recordar la historia de cada uno de esas personas», declaró en 2014 durante la presentación del libro «Los prisioneros de Breendonk 1940-1944» Roger Coekelbergs, uno de los pocos supervivientes que quedan ya de aquel infierno.
Coekelbergs, que fue encarcelado cuando tenía 20 años por participar en una manifestación contra el alistamiento voluntario de belgas en apoyo del régimen nazi.

Los prisioneros judíos de Breendonk fueron segregados de otros prisioneros hasta 1942. Desde entonces, los judíos fueron transferidos al campo de tránsito de Malinas, también en Bélgica, o eran deportados directamente a Auschwitz, en la Polonia invadida y controlada por los nacionalsocialistas.
En total, alrededor de 15 transferidos dejaron el campo, en su mayoría judíos, pero casi ninguno sobrevivió. Las primeras víctimas judías llegaron a la fortificación belga en septiembre de 1940, cuando el campo estaba bajo el mando del nazi Philip Schmitt, y un año después se recluyó en sus barracas a prisioneros políticos belgas.
En las celdas de castigo, pequeños y oscuros habitáculos, los prisioneros eran obligados a permanecer de pie durante días enteros, y en el cuarto de torturas, donde aun es posible ver los instrumentos que se utilizaban para afligir dolor, se los levantaba hasta el techo de un gancho, rompiendo sus articulaciones.
Luego eran severamente golpeados y, al final, se los dejaba caer sobre unos tablones en forma de picos, que les rompían las rodillas.
Además, como en otros campos de concentración nazis, en Breendonk se producían ejecuciones, generalmente por ahorcamiento o por fusilamiento. A los reclusos se les obligaba a presenciar cualquier ejecución que se llevara a cabo.
Desde noviembre de 1942 hasta agosto de 1944, y siempre por motivos de escarmiento o represalia por los ataques de la Resistencia hacia las tropas invasoras alemanas, se ejecutaron a 207 presos siendo 184 por fusilamiento y 23 por ahorcamiento.
Otros 77 prisioneros murieron por hambre, agotamiento, malos tratos o suicidio.
En total y según los registros de Breendonk, por sus instalaciones pasaron alrededor de 3.600 prisioneros (30 de ellos mujeres) de los que se estima que uno de cada diez murieron durante la guerra, ya sea en el fuerte, donde perecieron 301, o en otros campos de exterminio.
El 6 de mayo de 1944, poco antes de la liberación de Bélgica, los prisioneros fueron enviados a campos de concentración en Alemania, de donde regresaron muy pocos. Tras la liberación, los aliados encontraron el fuerte abandonado.
La fortificación de Breendonk es hoy con su centro educativo y pedagógico uno de los símbolos europeos de la lucha por la libertad y en contra de la opresión y el racismo, que cada año visitan más de 35 mil escolares. Actualmente convertido en un memorial en recuerdo de las víctimas.

