Un nuevo curso escolar comienza en Navarra. De nuevo la comunidad educativa vivirá incertidumbre y momentos no exentos de tensión. Las declaraciones del recién estrenado consejero de educación, José Luis Mendoza, parecen demostrarlo, al poner en duda, el Programa de Aprendizaje de Inglés (PAI), puesto que entiende que se incorporó para ir contra el «Euskera’.
Las declaraciones que realizan, muchas veces, los políticos de corte nacionalista, aquí y en otros lugares, suelen traicionar su subconsciente y mostrar, realmente, lo que opinan sobre uno y otro tema. En este caso, reflejan su rechazo a todo lo que no sea abertzale. También muestran la envidia que subyace en ello, al comprobar el éxito del aprendizaje de un idioma internacional y el fracaso del aprendizaje de un idioma local.
«El saber no ocupa lugar» se dice. Y, efectivamente, así es, pero en este mundo tan global existen prioridades. Además, se suele decir «que la letra con sangre, no entra».
A una comunidad educativa debería dejársela en paz (no hay año que esto suceda), para que pueda desarrollar su labor de una forma eficaz. Los continuos cambios, un año sí y otro también, son los que hacen fracasar el sistema. Un sistema, el educativo, que requiere su tiempo y que es el responsable de una parte de la formación de las generaciones futuras.
Lo que se enseña rápido, termina por provocar graves consecuencias.

