
Las quejas que el FC Barcelona ante la sanción de 6.000 euros por su comportamiento en la final de la Copa del Rey de este año son una muestra de lo que no se debe hacer.
Calificar de «injustas e innaceptables» muestran la sinrazón que hoy caracteriza a los dirigentes de este club, empeñados en utilizar el deporte para la reivindicación política. El auto efectivamente califica de «inacción» la labor del club, puesto que la masiva presencia de pitos y banderas independentistas en las gradas, no se explica sin el visto bueno del club. Además, las declaraciones, antes y después de la final, de los miembros del equipo directivo, son muestra del cinismo y desfachatez de estas personas.
Seguramente, para muchos ciudadanos, esta sanción se queda corta, porque lo sucedido fue muy grave.
Se impone una reflexión por parte de nuestra clase política – el comportamiento del señor Más fue penoso- para que actos como estos no vuelvan a repetirse y si vuelven a producirse que las sanciones no se queden en una mera y pequeña sanción económica. El sentido común, así lo pide.

