

Las Fiestas de San Fermín marcan el inicio festivo veraniego. Son fiestas internacionales, que atraen a miles de visitantes. Todos los años se hacen las mismas recomendaciones. Se intenta que las horas o días que los visitantes estén en Pamplona, sean de fiesta y diversión, nada más. Actitudes como las de correr el encierro, con una copa de más, molestar y agredir a otras personas sin razón alguna, por ejemplo, se castigan.
Este año, no obstante, puede existir un peligro mayor. Con nueva corporación comandada por Bildu, existe un claro riesgo de que sus cachorros, los amantes de la «kale borroka», se sientan los señores de la calle, y quieran politizar la fiesta e imponer actitudes y normas, imposibles, en la fiesta.
El año pasado, con el esperpento que llevaron a cabo en el chupinazo, estuvieron a punto de conseguirlo. El actual alcalde, señor Asiron, debería impedir , con su mandato, la alteración de la fiesta, aunque con actitudes , como las de querer colocar una ikurriña en el balcón del Ayuntamiento, poco ayudan a ello.
