

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, habla con el ministro griego Yanis Varoufakis.
La situación que toda Europa se temía ha llegado por fin. La negativa griega a aceptar las condiciones impuestas desde el euro grupo, Troika -o como queramos llamarlo han precipitado los acontecimientos. A estas horas, bancos e instituciones financieras griegas se mantienen cerrados a la espera de acontecimientos.
Los garantes de la deuda griega, entre ellos España, tiemblan ante el temor de tener que pagar lo que Grecia no parece que vaya ha hacer. Sus economías se verían gravemente aceptadas y la pretendida recuperación económica desaparecería.
Estamos hablando de una situación que tiene que ver con nuestro sistema económico, claramente orientado al beneficio y empeñado en “huir hacia delante” cada vez que hay problemas. La búsqueda, solamente, de este objetivo, ha hecho que nuestras economías sean excesivamente dependientes de buenos resultados; que convulsionan cada vez que llegan los años de “vacas flacas”.
A nivel ya nacional, no debería consentirse tener una economía cuya deuda supone ya un 98% del PIB. Los pretendidos avances en la recuperación económica, no son nada mientras este dato no mejore, puesto que todo el beneficio económico depende de este valor. Aunque avance el número de empleados, que ahora en el verano siempre avanza, no presupone un avance en las cuotas de la seguridad social y por tanto de los ingresos. Y la deuda está ahí presente siempre.
No deberíamos entrar en el pánico por la situación griega, lo que tenga que pasar, pasará. Nuestro país debe mostrar serenidad y no actuar siguiendo las directrices de otros, sino las suyas propias. Debemos agradecer al turismo, no obstante, que nuestra situación económica no vaya al desastre, ante los apuros griegos. Es cuestión de esperar y ver los acontecimientos.

