

El gobierno francés acaba de aprobar una ley de lucha contra el terrorismo, en la que se autorizan una serie de medios – escuchas telefónicas, uso de instrumentos para localizar vehículos y personas, micrófonos, cámaras ocultas y programas espía- que puedan evitar los atentados terroristas, sobre todo, de los yihadistas islámicos.
No han tardado en salir organizaciones en defensa de los derechos humanos que critican que se avale la vigilancia masiva y censuran que se conceda tanto poder al Estado. Habría que preguntarse, ¿Qué vale más, una vida humana o la defensa de los derechos humanos?
Mayor defensa que la de la vida humana, no debería haber. Cuando se regulan los derechos de los terroristas en las cárceles y se les conceden beneficios penitenciarios, nadie tiene en cuenta que las personas asesinadas por ellos, no pueden defenderse, ni disfrutar de ningún tipo de beneficio.
Cuando se «pone el grito en el cielo» habría que hacer una reflexión cuyo resultado no deja lugar a la duda, la defensa de la vida humana, es superior a la defensa de los derechos de cualquier asesino, llámese terrorista o delincuente. No puede entenderse, por tanto, que se luche más por un terrorista o delincuente, que por una persona asesinada.

