
La propuesta húngara de dar 3000 millones de euros a los países árabes para que acojan refugiados, al igual que la propuesta de Arabia Saudí de financiar la construcción de mezquitas en Europa, también para los refugiados, pudieran calificarse, cuan menos de extravagantes, aunque con cierto asomo de esconder realidades o intenciones concretas.
Que el destino de los refugiados tenga que ser obligatoriamente Europa, es cuestionable y de ahí la propuesta hungara.
La guerra civil en Siria, la yihad del estado Islámico, en estos momentos, se circunscribe a lo que los historiadores llaman «el creciente fertil», las tierras entre el Tigris y el Eufrates, zona alejada en principio de Europa y rodeada de países con una misma cultura que los refugiados.
Parece, por tanto, que se hubiera gestado, un gigantesco plan, para aprovechar la caridad cristiana y el «buenismo» europeo, para provocar crisis humanitarias y desestabilizar este continente.
Europa vive momentos de gran zozobra e incertidumbre. Imagenes de hace 70 años, se están repitiendo estos días. Campos de concentración de personas, trenes llenos, filas, colas para alimentos, para ropa, etc. Imágenes que atenazan las conciencias y que permiten hacer esta pregunta, ¿Estamos dispuestos a volver a pasar por ello?, ¿Estamos dispuestos a inmunizarnos ante tales situaciones?.

