Cuando un partido político protesta por las actos, nombramientos, llevados a cabo por otro, y más, cuando ha estado gobernando, la frase que llega primero a la boca es «consejos doy, que para mí no tengo».
Que al que fuera ministro de educación hasta hace pocas semanas, señor Wert, que presento su dimisión por razones personales, se le nombre embajador en la OCDE, con despacho en Paris, muy cerca de donde trabaja su recién estrenada señora, es la misma situación que la de que se haya nombrado a ex presidentes de comunidades autónomas, senadores autonómicos, como por ejemplo Griñán o Chaves en Andalucía o Bauza en Baleares.
La cantidad de cargos políticos nombrados a dedo en este país en el que vivimos, llamado España, es tal, que, lamentablemente, aquí se sigue entendiendo la política como una manera de ganarse suculentamente la vida, cuando debería ser todo lo contrario.
Los nuevos partidos que llegan al poder, tampoco se libran de tal disparate. La recién nombrada alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en una de sus primeras medidas, ha nombrado a su novio, asesor del Ayuntamiento. Acabamos de ver como Pablo Iglesias, de Podemos, metía a su ex novia, Tania Sánchez en la lista al Congreso, porque » yo lo mando».
En suma, situación esperpéntica la de este país que sigue sin mejorar.
