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Mañana, ya verán

Mañana, ya verán

Mañana, ya verán

Había un asiento libre, pese a que todos los billetes estaban vendidos. Sus cuerpos y sus brazos formaban uno de esos ovillos que no quieres que nadie deshaga. Uno sobre el otro, o el otro sobre uno: daba lo mismo.

El autobús, que sale de Gijón y termina en Irún, bordea la costa cantábrica con el sonido monótono de un motor algo viejo. “¿Qué tal por Argelia? Allí puedes hacer lo mismo que en España, siendo tú misma.” En los pequeños espacios que se permiten para coger aire y besarse, se oyen respuestas.” Hay que separarse de la gente mala. Si estamos con gente mala, somos malos. Nos vamos y volvemos, promételo.” Desde luego, no parece fácil.

Al arrancar, ella abrió una bolsa de fruta y un táper con algo de pollo y patatas. No había comido. No sabía si lo conseguirían. Me bajo en Bilbao, con el cielo despejado y un viento húmedo que se cuela entre los huesos. No sabré jamás nada más de ellos. Como tampoco lo supe antes de subirme al autobús. Pero ellos seguirán, al menos hasta Irún, con un mañana que ya verán.

Alex Tiraplegui Garjón

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