
Las Fallas de Valencia han estrenado el título de Patrimonio de la Humanidad con la tradicional quema de los casi 770 monumentos repartidos por toda la ciudad, cuya sátira y fantasía han atraído este año a un millón de visitantes.
La cremà, un ritual con el que los valencianos -y los miles de turistas que visitan la capital- dan la bienvenida a la primavera, ha comenzado puntual, como cada 19 de marzo, a las diez de la noche con la quema de las fallas infantiles. En pocas horas, las cerca de 760 fallas plantadas en calles y plazas se han visto reducidas a cenizas.
Las fallas repartidas por cada barrio -que este año han invertido casi siete millones de euros en sus monumentos- han sucumbido esta noche ante el fuego que aniquila un año de trabajo y sus variopintas temáticas, tanto políticas -con Donald Trump como inesperado invitado- como deportivas, artísticas, históricas y del chismorreo.
En cuanto a las ganadoras, las llamas se han cebado también con la falla l’Antiga de Campanar, que logró el primer premio de la sección Especial con «Eterna seducció», de Julio Monterrubio, y con el monumento de Convento Jerusalén-Matemático Marzal, que obtuvo el cetro infantil con su «Abecedario artesano», de José Gallego.
Y la más mediática al caer ha sido, un año más, la falla municipal de la abarrotada plaza del Ayuntamiento, nuevamente de Manolo García y hecha de vareta (listón fino de madera): un imponente «pirulí» de 41 metros de alto, 1.800 kilos de peso y 170.000 euros de presupuesto. NAVARRA INFORMACIÓN

