La puesta en marcha de dos proyectos de construcción de dos oleoductos para transportar petróleo por EEUU, paralizados en la época Obama y ahora relanzados por Trump, junto con las medidas tomadas ayer por el nuevo presidente estadounidense, han copado en dos días la labor legislativa que se hizo en tiempos de Obama, que estuvo 8 años. Y es que Obama fue presidente para las clases elitistas de funcionarios gubernamentales y Trump parece que encara su mandato gobernando para las clases medias y trabajadoras, sin olvidar a las empresas americanas y extranjeras, ni la economía de crecimiento y desarrollo (proteccionista o no). Cabe recordar que fueron las llamadas clases medias las que auparon a una forma de gobierno diferente, que es la de Trump, y Trump no les quiere defraudar.
El América, first! , comienza a dar sus frutos. Trump quiere potenciar lo suyo frente a lo de los demás y lo suyo es su país. Mientras Obama gobernaba para el resto y, en cierto modo, rechazaba lo propio, ahora ocurre lo contrario. Los 8 años de Obama han provocado la llegada de Trump.
Desde aquí, y para no variar, se critican los modos, las formas de actuar del nuevo presidente estadounidense. Es fácil ver la paja en el ojo ajeno y no el propio. Tal es el caso, por ejemplo, de la retirada del español en la página de la Casa Blanca. Se ha puesto el grito en el cielo, aquí en España. Pero todos olvidan que en Galicia, Comunidad Autónoma Vasca y en Cataluña, el español es arrinconado y tampoco aparece en páginas web institucionales de dichos gobiernos. Aquí no pasa nada, pero allí de todo.
De todas las maneras, y pese a las criticas recibidas, la administración Trump va a continuar su labor; una labor, que quiere recuperar el espíritu americano, pese a quien pese. El mundo va a tener que acostumbrarse.
